Esperar por la cosecha (Santiago 5:7-20) : 457

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Esperar por la cosecha (Santiago 5:7-20)

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

Santiago concluye su carta con varias exhortaciones a la paciencia, honradez, oración, confesión y sanación. Como ya es habitual, estas se basan en el principio de que las obras fieles deben beneficiar a otros o el principio de que todo se debe hacer en dependencia de Dios, o a ambos. Y como siempre, Santiago lo aplica de forma directa al trabajo.

La paciencia

Santiago comienza con un ejemplo laboral al ilustrar el regreso inminente de Cristo: “Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Sed también vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca” (Stg 5:7–8). Y luego repite esta idea cuando llega al final: “Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto” (Stg 5:17–18).

La paciencia en el trabajo es una forma de depender de Dios. Pero es difícil tener paciencia en el trabajo. El trabajo se realiza para obtener un resultado —de otra forma, no sería trabajo— y siempre está la tentación de alcanzar el resultado sin hacer el trabajo verdaderamente. Si estamos invirtiendo para ganar dinero, ¿no preferiríamos enriquecernos rápidamente? Esa mentalidad conduce al tráfico de información privilegiada, a las estafas piramidales y a que se apueste el dinero de los alimentos en las máquinas tragamonedas. Si estamos trabajando para obtener un ascenso, ¿no deberíamos ubicarnos lo mejor posible ante nuestro supervisor a través de cualquier medio disponible? Esto conduce a la traición, a robarse el crédito, a los chismes y a la desintegración del equipo. Si estamos trabajando para cumplir una meta, ¿no podríamos cumplirla más rápido haciendo un trabajo de menor calidad y pasándole los problemas a la siguiente persona en la cadena de producción? Estos no son solo problemas de moralidad personal. Un sistema de producción que recompensa la calidad deficiente es tan malo o peor que el trabajador que se aprovecha de dicho sistema.

La veracidad

“Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; antes bien, sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo juicio” (Stg 5:12). Imagine un lugar de trabajo en el que las personas dijeran siempre la verdad —no solo evitando las mentiras, sino diciendo siempre lo que haga que los demás entiendan cómo son las cosas exactamente. No habría necesidad de juramentos o malas palabras, aclaraciones retroactivas ni disposiciones contractuales que definan quién recibe qué en caso de errores o fraude. Imagine que los vendedores siempre informaran al máximo acerca de sus productos, que los contratos siempre fueran claros para todas las partes y que los jefes siempre le dieran el reconocimiento adecuado a sus subordinados. Imagine que nosotros siempre respondiéramos comunicando una situación de la forma más precisa posible, en vez de encubrir sutilmente la información poco favorecedora acerca de nuestro trabajo. ¿Podríamos tener éxito en nuestro trabajo o carrera actual? ¿Podríamos tener éxito si todos fuéramos honestos al máximo? ¿Necesitamos cambiar nuestra definición del éxito?[1]

La oración

Santiago retoma el principio de la dependencia de Dios cuando habla de la oración. “¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración” (Stg 5:13). “Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios” (Stg 1:5). Él nos está invitando a ser específicos con Dios. “Dios, no sé cómo manejar esta falla en la producción y necesito tu ayuda antes de ir a hablar con mi jefe”. Dios es capaz de conceder lo que necesitamos, aunque no garantiza que responderá todas nuestras oraciones exactamente como lo esperamos. Es extraño que muchos cristianos son reacios a orar por los asuntos, situaciones, personas, necesidades, temores y preguntas específicas que encuentran cada día en su trabajo. Olvidamos que Santiago nos exhorta a que pidamos dirección específica e incluso resultados particulares. Santiago nos anima a tener fe, y Dios nos responderá en las situaciones reales de la vida. “Pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg 1:5).

La confesión y la sanación

Santiago nos exhorta a confesar nuestros pecados unos a otros, para que podamos ser sanados (Stg 5:16). Las palabras que más nos interesan para el trabajo son “unos a otros”. La suposición es que las personas pecan unas contra otras, no solo contra Dios, y ciertamente, eso ocurre en el trabajo. A diario enfrentamos presiones en nuestra producción y desempeño y tenemos un tiempo limitado para actuar, así que con frecuencia actuamos sin escuchar, rechazamos a los que están en desacuerdo con nosotros, competimos de forma injusta, acaparamos los recursos, dejamos un desastre para que la próxima persona lo arregle y descargamos nuestras frustraciones en nuestros compañeros de trabajo. Herimos y nos hieren. La única forma en la que podemos ser sanados es confesando nuestros pecados unos a otros. Si alguien acaba de echar abajo el ascenso de un compañero de trabajo al criticar falsamente su desempeño, debe confesarlo al que fue perjudicado, no solo a Dios en su tiempo privado de oración. Es posible que el que pecó también deba confesárselo a todo el resto del departamento, si realmente quiere enmendar su error.

¿Cuál es nuestra motivación para confesar y sanar? Lo hacemos para que podamos atender las necesidades de otros. “El que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte” (Stg 5:20; énfasis agregado). ¡Salvar a alguien de la muerte es atender una necesidad muy profunda! Y tal vez —ya que todos somos pecadores— alguien más nos salvará de la muerte al hacernos volver del error de nuestro camino.

Para más información sobre este tema, ver “Verdad y engaño”  en www.teologiadeltrabajo.org.