El Espíritu y el trabajador (Hechos 6:1-7) : 258

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El Espíritu y el trabajador (Hechos 6:1-7)

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

Los temas del relato de Ananías y Safira se encuentran en Hechos 6:1–7, en donde marcan la primera disputa interna en la comunidad cristiana. Los helenistas son probablemente judíos que hablan griego y que han regresado a Jerusalén de una de las muchas comunidades diáspora en el Imperio romano. Los hebreos probablemente son judíos originarios de la tierra histórica de Israel (Palestina) y que principalmente hablan arameo y/o hebreo. Se requiere poca imaginación a nivel social para ver lo que está ocurriendo en esta situación. En una comunidad que se ve a sí misma como la que cumple el pacto de Israel con Dios, los miembros que son más prototípicamente israelitas están recibiendo más recursos del grupo que los demás. Esta clase de situación ocurre con regularidad en nuestro mundo. Es común que aquellos que se asemejan más a los líderes de un movimiento en cuanto a su contexto, cultura, estatus y así sucesivamente, se beneficien de su identidad en formas que no son posibles para aquellos que de alguna manera son diferentes.

Enseñar la Palabra y servir las mesas son igual de valiosos (Hechos 6:2-4)

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Una de las mayores contribuciones de Hechos para la teología del trabajo surge de la respuesta de los apóstoles a la injusticia dentro de la comunidad en Hechos 6:1–7. El trabajo de administrar justicia —en este caso, al supervisar la distribución de alimentos— es tan importante como el trabajo de predicar la Palabra. Puede que esto no sea claro al comienzo, por ejemplo, debido a traducciones que pueden ser malinterpretadas como la RVC:

Entonces los doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No está bien que desatendamos la proclamación de la palabra de Dios por atender a las mesas. (Hch 6:2, RVC)

Es difícil no interpretar algo de desdén en la voz de los apóstoles en estas traducciones. En la mente de algunos, trabajar con la Palabra de Dios es un “ministerio” (como lo plantea la NVI), mientras que el trabajo de “atender” las mesas es de baja categoría. Una línea de interpretación ha adoptado este sentido, indicando que atender las mesas era algo “trivial”,[1] una tarea humilde”[13] o una de las tareas “menos importantes”[14] en la comunidad. Esta línea de interpretación ve la predicación subsecuente de Esteban como el propósito “real” detrás de la influencia del Espíritu en el versículo 6:3.[15] No habría necesidad de que el Espíritu Santo se involucrara en la tarea de baja categoría de manejar la distribución de los recursos.

Sin embargo, esta línea argumentativa se basa en traducciones discutibles. El verbo griego traducido como “atender” en la RVC es diakoneō, el cual tiene el sentido de servicio o ministerio. La versión LBLA y NVI lo plasman de una forma más precisa como “servir”.

“No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas”. (Hch 6:2, LBLA)

«No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas». (Hch 6:2, NVI)

Además, un poco más adelante, en Hechos 6:3–4, las traducciones NBLH y LBLA traducen la misma palabra como “servir” y “ministerio”, respectivamente.

Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio (al servicio) de la palabra”. (Hch 6:4, NBLH)

Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra. (Hch 6:4, NVI)

Dicho de otra forma, el término griego para el trabajo de la Palabra es exactamente el mismo (en la forma de verbo) que el término para el trabajo de distribuir los recursos, diakonia, “servir”.  La NBLH y LBLA consideran correctamente el trabajo de predicar como “servir” y “ministrar” y no tienen un tono de desdén con una palabra más deshonrosa cuando se refieren al trabajo de la distribución de alimentos, a diferencia de la RVC que usa la palabra “atender” mesas.  Ya sea que trabajen con la Palabra o con los alimentos en las mesas, ambos grupos “sirven” en estas traducciones.

El texto en griego le da el sentido importante de que el trabajo de servir a los que tienen necesidades está a la par con el trabajo apostólico de la oración y la predicación. Los apóstoles sirven la Palabra y los diáconos (como fueron llamados) sirven a los que tienen necesidad. Su servicio es igual cualitativamente, aunque las tareas y habilidades específicas son diferentes. Ambos son esenciales en la formación del pueblo de Dios y para el testimonio del pueblo de Dios en el mundo. La vida de la comunidad depende de estas formas de servicio y Lucas no deja una sensación de que una sea más poderosa o más espiritual que la otra.

A pesar de todo esto, ¿se podría argumentar que el desdén no es solo un tema de traducción sino que realmente está presente en las propias palabras de los discípulos? ¿Los apóstoles mismos podrían haber imaginado que eran escogidos para el servicio de la Palabra porque eran más dotados que aquellos que fueron escogidos para servir las mesas? Si es así, estarían cayendo de nuevo en algo similar al sistema de clientelismo romano, creyendo que tienen un estatus demasiado alto como para mancillarlo sirviendo las mesas. Estarían reemplazando una nueva fuente de estatus (los dones del Espíritu Santo) por la fuente antigua romana (el clientelismo). ¡El evangelio de Cristo es más profundo que esto! En la comunidad cristiana no existe una fuente de estatus.

Irónicamente, resulta que Esteban, uno de los servidores de las mesas, es aún más habilidoso como predicador que muchos de los apóstoles (Hch 6:8–7:60). Pero a pesar de su don de predicar, lo seleccionan para el servicio de la distribución de los recursos. En ese momento, al menos, era más importante para los propósitos de Dios que trabajara como servidor de las mesas que en el servicio de la Palabra. Para él, al menos, ningún deseo persistente por el estatus prima sobre aceptar este llamado a servir las mesas.

Joseph A. Fitzmyer, The Acts of the Apostles: A New Translation with Introduction and Commentary, The Anchor Bible, (New York: Doubleday, 1998), 344.

John Michael Penney, “The Missionary Emphasis of Lukan Pneumatology” [El énfasis misionero de la neumatología de Lucas], Journal of Pentecostal Theology [Revista de teología pentecostal] (Sheffield, UK: Sheffield Academic Press, 1997), 65n11.

Joseph T. Lienhard, “Acts 6.1–6: A Redactional View” [Hechos 6.1–6: una visión redactora], Catholic Biblical Quarterly [Publicación católica trimestral] 37 (1975): 232.

Youngmo Cho, Spirit and Kingdom in the Writings of Luke and Paul [El Espíritu y el reino en los escritos de Lucas y Pablo] (Waynesborough, GA; Paternoster, 2005), 132.

El trabajo del liderazgo comunitario es un trabajo del Espíritu Santo (Hechos 6:3)

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Los trabajadores que son más idóneos para solucionar la división étnica en la comunidad en Hechos 6 son más aptos porque se les reconoce por ser “llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”. Así como los que son aptos para la oración y la predicación, la habilidad de los que sirven las mesas es el resultado del poder espiritual. Nada menos que el poder del Espíritu hace posible el trabajo significativo, de edificación de la comunidad, de construcción de paz entre los cristianos. Este pasaje nos ayuda a ver que todo el trabajo que edifica la comunidad o, más ampliamente, promueve la justicia, la bondad y la belleza, es —en un sentido profundo— servicio (o ministerio) para el mundo.

En nuestras iglesias, ¿reconocemos la equivalencia del ministerio del pastor que predica la Palabra, la madre y el padre que proporcionan un hogar amoroso para sus hijos y el contador que da un informe justo y honesto de los gastos de su empleador? ¿Entendemos que todos son dependientes del Espíritu para hacer su trabajo por el bien de la comunidad? Toda clase de buen trabajo tiene la capacidad —por el poder de Espíritu— de ser un medio de participación en la renovación de Dios del mundo.