La esclavitud (Deuteronomio 15:12-18) : 1125

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La esclavitud (Deuteronomio 15:12-18)

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

Un tema difícil en Deuteronomio es la esclavitud. El hecho de que se permita la esclavitud en el Antiguo Testamento genera muchos debates, los cuales no podremos resolver aquí. Sin embargo, debemos saber que la esclavitud en Israel no es igual a la esclavitud en la época moderna, incluyendo la esclavitud en los Estados Unidos, en la que se secuestraban personas africanas en su tierra natal, eran vendidos como esclavos y sus descendientes se convertían en esclavos de por vida. El Antiguo Testamento condena esta clase de práctica (Am 1:6) y la castiga con la muerte (Dt 24:7; Éx 21:16). Los israelitas se convirtieron en esclavos unos de los otros no a través del secuestro o del nacimiento desafortunado, sino debido a las deudas o la pobreza (“se vende a ti como siervo” Dt 15:12, NTV). Era preferible ser esclavo que morir de hambre, y las personas se podían vender a sí mismas como esclavas para pagar una deuda y al menos tener un lugar donde vivir. Pero la esclavitud no debía durar toda la vida. “Si tu hermano hebreo, hombre o mujer, se vende a ti como siervo y te sirve por seis años, al séptimo año deberás dejarlo en libertad.” (Dt 15:12). Luego de su liberación, las personas debían recibir una parte de la riqueza que habían producido con su trabajo. “Cuando lo libertes, no lo enviarás con las manos vacías. Le abastecerás liberalmente de tu rebaño, de tu era y de tu lagar; le darás conforme te haya bendecido el Señor tu Dios” (Dt 15:13-14).

En algunas partes del mundo, usualmente los padres venden a sus hijos en servidumbre por deudas, una forma de trabajo que es esclavitud aunque se llame de otra manera. Otros pueden ser engañados por el tráfico sexual, del cual es difícil o hasta imposible escapar. En algunos lugares, los cristianos están liderando movimientos para erradicar estas prácticas, pero todavía se puede hacer mucho más. Imagine la diferencia si muchas más iglesias e individuos cristianos hicieran de esta una prioridad para la misión y la acción local.

En países más desarrollados, los trabajadores desesperados no se venden para trabajos forzados pero toman cualquier trabajo que encuentran. Si Deuteronomio contiene medidas de protección incluso para los esclavos, ¿no deberían aplicar también para los trabajadores? Deuteronomio les exige a los amos que cumplan los términos de los contratos y las regulaciones laborales, incluyendo la fecha establecida para la liberación, la provisión de alimento y refugio, y la responsabilidad por las condiciones laborales. Las horas de trabajo deben ser razonablemente limitadas e incluir un día de descanso semanal (Dt 5:14). Por encima de todo, los amos deben ver a sus esclavos como iguales ante los ojos de Dios, recordando que todos en el pueblo de Dios son esclavos rescatados. “Te acordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor tu Dios te redimió; por eso te ordeno esto hoy” (Dt 15:15).

Los empleadores modernos pueden abusar de los trabajadores desesperados de forma similar a la que los amos antiguos abusaban de sus esclavos. ¿Los trabajadores pierden estas medidas de protección simplemente porque no son llamados esclavos? Si no, al menos los empleadores tienen la obligación de no tratar a los trabajadores peor que a unos esclavos. Los trabajadores vulnerables en la actualidad pueden enfrentar exigencias de trabajo de horas extra sin paga, entregarle sus propinas a los gerentes, trabajar en condiciones peligrosas o tóxicas, pagar pequeños sobornos para conseguir turnos de trabajo, sufrir acoso sexual o un trato degradante, recibir beneficios inferiores, o soportar discriminación ilegal y otras formas de maltrato. Incluso los trabajadores en buenas posiciones pueden enfrentar situaciones en las que se les niega injustamente una parte razonable de los frutos de su trabajo.

Para los lectores modernos, la aceptación de la Biblia de la esclavitud temporal parece difícil de entender —incluso aunque reconozcamos que la esclavitud antigua no era igual a la que existió entre los siglos dieciséis y diecinueve— y podemos estar agradecidos porque la esclavitud es al menos técnicamente ilegal en todo el mundo hoy día. Pero en vez de ver la enseñanza de la Biblia sobre la esclavitud como obsoleta, estaría bien que trabajáramos para abolir las formas modernas de servidumbre involuntaria y que promoviéramos las medidas de protección de la Biblia para los miembros de la sociedad que están en desventaja económica.