La obra de fe, el final y mantener la fe (1 Tesalonicenses 1:1–4:8; 4:13–5:28; 2 Tesalonicenses 1:1–2:17) : 432

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La obra de fe, el final y mantener la fe (1 Tesalonicenses 1:1–4:8; 4:13–5:28; 2 Tesalonicenses 1:1–2:17)

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

La obra de fe (1 Tesalonicenses 1:1–4:8)

A la luz de los problemas relacionados con el trabajo que aparecerán más adelante en las epístolas, es interesante que Pablo comienza recordando la obra de fe de los tesalonicenses, su trabajo de amor y la firmeza de su esperanza en nuestro Señor Jesucristo (1Ts 1:3). Pablo escribe sus cartas cuidadosamente y, por sí solo, este inicio sirve para introducir el vocabulario del trabajo en su discusión. El versículo nos recuerda que la fe no es simplemente una aceptación mental de las proposiciones del evangelio, sino que requiere trabajo. Es la respuesta de vida total a los mandatos y las promesas del Dios que nos renueva y nos empodera por medio de Su Espíritu. Aparentemente, los tesalonicenses están respondiendo bien en sus vidas diarias de fe, aunque necesitan ánimo para seguir viviendo en pureza moral (1Ts 4:1–8).

El tema del trabajo surge de nuevo en el capítulo 2, cuando Pablo les recuerda a los tesalonicenses que él y sus amigos trabajaron día y noche para no convertirse en una carga para ellos (1Ts 2:9). Pablo dice esto para que los tesalonicenses comprobaran lo importantes que eran para él, a pesar de su ausencia física. No obstante, también puede servir como una amonestación a los miembros de la congregación que tal vez estaban viviendo a costa de la generosidad de otros creyentes. Si alguien tenía derecho a recibir de los tesalonicenses, ese era Pablo, ya que su duro trabajo les había ofrecido la nueva vida de Cristo en primer lugar. Sin embargo, Pablo no recibió dinero de los tesalonicenses como compensación. En cambio, trabajó duro como comerciante, como una expresión de su interés por ellos.

El final (1 Tesalonicenses 4:13–5:28)

Luego, Pablo consuela a los tesalonicenses por las muertes que habían ocurrido en su comunidad. Los difuntos no están muertos, sino que solo duermen, porque Jesús los despertará en el último día (1Ts 4:13–18). No deben preocuparse por el día en que esto sucederá, ya que eso está en manos de Dios. Su única preocupación debe ser seguir caminando en la luz, permanecer fieles y esperanzados en medio de un mundo oscuro (1Ts 5:11). Entre otras cosas, esto significa que deben respetar a los que trabajan (1Ts 5:12–13; la referencia puede ser al “trabajo” de instruir a las personas en la fe, pero también se podría aplicar para los trabajadores en general, a diferencia de los que están desocupados) y amonestar a los holgazanes que hay entre ellos (1Ts 5:14). La promesa de vida eterna nos da más razón —no menos— para trabajar duro en esta vida, ya que el bien que hacemos permanece para siempre, porque somos “hijos del día” de la redención de Cristo, y no de la noche (1Ts 5:4–8). Cada día nos da una oportunidad de hacer “siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos” (1Ts 5:15).

Mantener la fe (2 Tesalonicenses 1:1–2:17)

En el inicio de 2 Tesalonicenses, vemos que Pablo sigue alegre porque los tesalonicenses mantienen su fe en un ambiente difícil, y los anima diciéndoles que Jesús regresará para hacer justicia (2Ts 1:1–12). Sin embargo, algunos de ellos están preocupados pensando que el día del Señor ya ha llegado y que se lo perdieron. Pablo les dice que el día no ha llegado y que de hecho, no llegará hasta que Satanás haga un último gran intento de engañar al mundo por medio del “inicuo” (posiblemente la figura que conocemos comúnmente como “el anticristo”; 2Ts 2:8). Deben cobrar ánimo: Dios juzgará a Satanás y a sus secuaces, pero les traerá bendición eterna a Sus amados hijos (2Ts 2:9–17).