Rut y el trabajo : 848

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Rut y el trabajo

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

Introducción al libro de Rut

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El libro de Ruth cuenta la historia extraordinaria de la fidelidad de Dios para Israel en la vida y el trabajo de tres personas comunes: Noemí, Rut y Booz. En sus labores en medio de la dificultad económica y la prosperidad, vemos la mano de Dios claramente en su trabajo de producción agrícola, en la administración generosa de los recursos para el bien de todos, en el trato respetuoso entre compañeros de trabajo, en la creatividad para enfrentar la necesidad y en la concepción y crianza de los hijos. A lo largo de toda la historia, la fidelidad de Dios hacia ellos crea oportunidades para trabajar de forma fructífera y su fidelidad a Dios trae la bendición de la provisión y la seguridad entre ellos y con el pueblo a su alrededor.

Los eventos del libro de Rut ocurren durante la fiesta de la siega de cebada (Rut 1:22; 2:17, 23; 3:2, 15, 17), en la que se celebraba el vínculo entre la bendición de Dios y el trabajo del ser humano. El origen del festival se encuentra en dos pasajes de la Torá:

Guardarás la fiesta de la siega de los primeros frutos de tus labores, de lo que siembres en el campo. (Éx 23:16; énfasis agregado)

Entonces celebrarás la fiesta de las semanas al Señor tu Dios con el tributo de una ofrenda voluntaria de tu mano, la cual darás según el Señor tu Dios te haya bendecido. Y te alegrarás delante del Señor tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita que habita en tus ciudades, y el forastero, el huérfano y la viuda que están en medio de ti, en el lugar donde el Señor tu Dios escoja para poner allí su nombre. Y te acordarás de que tú fuiste esclavo en Egipto; cuídate de guardar estos estatutos. (Dt 16:10–12; énfasis agregado)

Estos pasajes juntos establecen el fundamento teológico para los eventos del libro de Rut.

  1. La bendición de Dios es la fuente de la productividad humana (“según el Señor tu Dios te haya bendecido”).
  2. Dios concede Su bendición de la productividad a través del trabajo humano (“frutos de tus labores”).
  3. Dios demanda que se provean oportunidades para que las personas pobres y vulnerables (“el forastero, el huérfano y la viuda”) trabajen y sean productivos (“te acordarás de que tú fuiste esclavo en Egipto”, es una alusión a la liberación de Dios de Su pueblo cuando eran esclavos en Egipto y Su provisión para ellos en el desierto y en la tierra de Canaán).

En resumen, la productividad del trabajo humano es una extensión del trabajo de Dios en el mundo. Además, la bendición de Dios para el trabajo del ser humano está profundamente ligada al mandato de Dios de proveer generosamente para aquellos que no tienen los medios para sustentarse. Estos principios forman la base de libro de Rut. El libro no es un tratado teológico sino que es un relato, y la historia es fascinante.

La tragedia azota la familia de Rut y Noemí (Rut 1:1-22)

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La historia comienza con una hambruna “en los días en que gobernaban los jueces” (Rut 1:1). En este tiempo, el pueblo de Israel había abandonado las enseñanzas de Dios, había caído en idolatría, en condiciones sociales terribles y en una guerra civil desastrosa, como se relata en Jueces en los capítulos inmediatamente anteriores al libro de Rut en la Biblia cristiana (el orden de los libros es diferente en la Biblia hebrea). Ciertamente, Israel no había seguido los mandatos de la Torá respecto al trabajo ni a ningún otro aspecto. Debido a esto, la nación estaba perdiendo las bendiciones de Dios, como lo reconocieron varias personas, entre ellas Noemí (Rut 1:13, 20–21). Esto resultó en la desintegración del tejido socioeconómico y la devastación de la tierra por causa de la hambruna.

En respuesta a la hambruna, Elimelec, su esposa Noemí y sus dos hijos se mudaron a Moab —una medida desesperada, teniendo en cuenta la enemistad prolongada entre Israel y Moab—, en donde creían que las posibilidades de trabajar de forma productiva serían mejores. No sabemos si lograron encontrar empleo allí, pero sabemos que los hijos encontraron sus esposas. Sin embargo, en un periodo de diez años tuvieron que soportar la tragedia social y económica —la muerte de los tres hombres dejó viudas a Noemí y sus dos nueras (Rut 1:3–5). Las tres viudas tuvieron que sustentarse a sí mismas sin los derechos legales y económicos que se les concedían a los hombres en su sociedad. En pocas palabras, no tenían esposos, no eran propietarias de ningún terreno y no tenían recursos con los cuales sustentarse. El lamento de Noemí refleja la severidad de su situación: “Llamadme Mara [amarga], porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura” (Rut 1:20).

Así como los extranjeros y los huérfanos, las viudas recibían bastante atención en la ley de Israel.[1]  Al perder la protección y el apoyo de sus esposos, eran blancos fáciles para el abuso económico y social y la explotación. Muchas recurrían a la prostitución simplemente para sobrevivir, una situación que también es demasiado común entre las mujeres vulnerables en la actualidad. Noemí no solo se había convertido en viuda, sino que también era extranjera en Moab. Pero, si regresaba a Belén con sus nueras, las jóvenes serían viudas y extranjeras en Israel.[2] Tal vez por causa de la vulnerabilidad que enfrentaban sin importar el lugar donde estuvieran, Noemí les insistió que regresaran al hogar de sus padres y oró que el Dios de Israel le concediera a cada una de ellas la seguridad en el hogar de un esposo (moabita) (Rut 1:8–9). Aun así, Rut, una de las nueras, no pudo soportar separarse de Noemí fuera cual fuera la adversidad. Lo que le dijo a su suegra demuestra la profundidad de su amor y lealtad:

“No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada”. (Rut 1:16–17).

La vida puede ser difícil, y estas mujeres enfrentaban las más grandes dificultades.

Deuteronomy 10:18; 14:29; 16:11, 14; 24:19–22; 26:12–13; 27:19.

On the difficulties of being a Moabite in an Israelite world, see Daniel I. Block, Judges, Ruth (NAC; Nashville: Broadman & Holman, 2002), 627.

La bendición de Dios es la fuente de la productividad humana (Rut 2:1-4)

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Las Escrituras presentan a Dios como el Trabajador divino, que es el referente para el trabajo del ser humano. La Biblia comienza mostrando a Dios en el trabajo —hablando, creando, formando, construyendo. A lo largo de la Biblia hebrea, Dios no solo aparece como el sujeto que acompaña muchos verbos de “trabajo”, sino que con frecuencia las personas se refieren a Él de forma metafórica como “Trabajador”. En la versión del Éxodo del Decálogo, el mandato del Sabbath fundamenta el patrón de trabajo de 6 + 1 de Israel en el patrón divino (Éx 20:9–11).

Aun así, en Dios, la dificultad no significa desesperanza. Aunque el pueblo de Israel había olvidado su pacto con Dios y había experimentado la consecuencia del colapso social y económico, Dios siguió siendo fiel a Su pueblo. Mucho antes, Dios le había prometido a Abraham, “Te haré fecundo en gran manera, y de ti haré naciones, y de ti saldrán reyes” (Gn 17:6). El Señor cumplió Su promesa al restaurar la productividad agrícola de Israel (Rut 1:6) a pesar de la infidelidad de Su pueblo. Cuando Noemí se enteró de esto, decidió regresar a Belén para tratar de encontrar alimento. Cumpliendo su palabra, Rut fue con ella, con la intención de encontrar un empleo para sustentarse a sí misma y a Noemí. Mientras se desarrolla la historia, las bendiciones de Dios se derraman sobre las dos —y a la larga sobre toda la humanidad— a través del trabajo de Rut y sus resultados.

La fidelidad de Dios con nosotros es la base de toda productividad

Aunque no hay intervenciones milagrosas en el libro de Rut, la mano de Dios está presente de forma clara. En esta historia, Dios trabaja en todo momento, especialmente a través de los actos de personas fieles. A lo largo de la Biblia hebrea, no solo vemos a Dios trabajando de distintas maneras[1]  sino también demandando que el pueblo de Israel trabaje de acuerdo con el patrón divino (Éx 20:9–11). Esto significa que Dios trabaja directamente y que trabaja por medio de las personas.

Los personajes principales reconocen que Dios es el fundamento de su trabajo a través de la forma en la que se bendicen unos a otros y de sus declaraciones de fe.[2]Algunas de estas expresiones son alabanzas por actos que Dios ha realizado (no ha dejado de mostrar Su bondad, Rut 2:20; proporcionó un pariente redentor, Rut 4:14). Otras son peticiones por la bendición (Rut 2:4, 19; 3:10), la presencia (Rut 2:4) o la bondad divina (Rut 1:8). Un tercer grupo abarca peticiones más específicas: que el Señor conceda descanso (Rut 1:9), y que Dios haga a Rut como a Raquel y Lea (Rut 4:11–12). La bendición en Rut 2:12 es particularmente significativa: “Que el Señor recompense tu obra y que tu remuneración sea completa de parte del Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte”. Todas estas bendiciones expresan la seguridad de que Dios trabaja para proveer para Su pueblo.

Rut deseaba recibir la bendición de Dios de la productividad, ya fuera de parte de Dios mismo (Rut 2:12) o por medio de un ser humano en “cuyos ojos halle gracia” (Rut 2:2). A pesar de ser moabita, ella era más sabia que muchos del pueblo de Israel al reconocer la mano del Señor en su trabajo.

Una de las bendiciones de Dios más importantes en la historia es que le dio a Booz un terreno productivo (Rut 2:3). Booz estaba totalmente consciente del rol de Dios en su trabajo, como se demuestra en las formas en las que invoca la bendición del Señor repetidamente (Rut 2:4; 3:10).

Dios Usa Eventos Que Parecen Casualidades Para Habilitar El Trabajo De Las Personas

Una de las formas en las que Dios cumple Su promesa de productividad es Su control sobre las circunstancias del mundo. La construcción peculiar de, “y dio la casualidad” (que se traduce como “y resultó” en la RVC) en Rut 2:3 es intencional. En español diríamos, “lo que quiso su suerte”. Sin embargo, esta declaración es irónica. El narrador usa intencionalmente una expresión que obliga al lector a preguntarse cómo fue posible que Ruth “resultó” en el terreno de un hombre que no solamente extendió gracia (Rut 2:2) sino que también era un pariente (Rut 2:1). En el desarrollo de la historia, vemos que la llegada de Rut al campo de Booz era una evidencia de la mano providencial de Dios y se puede decir lo mismo de la aparición del pariente más cercano justo cuando Booz estaba sentado en la puerta, en Rut 4:1–2.

Qué triste sería tener que ir al trabajo todos los días esperando alcanzar solamente lo que podemos lograr nosotros mismos. Debemos depender del trabajo de otros, de la oportunidad impredecible, de la explosión de creatividad, de la bendición inesperada. Seguramente, una de las bendiciones más reconfortantes de seguir a Cristo es Su promesa de que cuando vamos al trabajo, Él va con nosotros y nos ayuda a llevar la carga. “Tomad mi yugo sobre vosotros… Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mt 11:29–30). Aunque Rut no escuchó las palabras de Jesús, vivió por fe creyendo que bajo las alas de Dios encontraría todo lo que necesitaba (Rut 2:12).

La productividad humana es un fruto de nuestra fidelidad a Dios

La fidelidad de Dios para Israel se reflejó en la fidelidad de Rut a Noemí. Rut había prometido, “Adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16). La promesa de Rut no representaba una súplica para convertirse en consumidora pasiva de lo que quedaba de la tierra de Elimelec, sino un compromiso de proveer todo lo que pudiera para su suegra. Aunque no era israelita, parece que vivió conforme a la ley de Israel, como se expresa en el quinto mandamiento, “Honra a tu padre y a tu madre”. La restauración del trabajo productivo para ella y su familia comenzó con su compromiso de trabajar siendo fiel a la ley de Dios.

Dios crea (Gn 1:1), construye (1S 2:35; 2S 7:27), hace (Gn 2:4), forma (Gn 2:7–8) y moldea las “obras de Sus manos” (Sal 8:6). Él se presenta como creador (Gn 1–2; Job 10:3–12; Sal 139:13–16), constructor, arquitecto (Pro 8:27–31), músico/compositor (Dt 31:19), metalurgista (Is 1:24–26), sastre (Job 29:14; Is 40:22), alfarero (Is 31:9), labrador (Os 10:11), pastor (Sal 23; Ez 34), fabricante de tiendas/campista (Job 9:8), diseñador y constructor de templos (Éx 25, 35; 1Cr 28:11–19) y escriba/escritor (Éx 24:12; 31:18; 34:28; etc.).28:11–19), and scribe/writer (Exodus 24:12; 31:18; 34:34:28; etc.).

 Rut 1:8–9, 2:4, 12, 19 (sin nombrar al Señor), 20; 3:10; 4:11–12, 14–15.

Dios concede Su bendición de la productividad a través del trabajo del ser humano (Rut 2:5-7)

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Aunque la fidelidad de Dios es la base de la productividad humana, las personas deben hacer su trabajo. Este fue el diseño de Dios desde el principio (Gn 1:28; 2:5, 15). Rut estaba deseosa de trabajar duro para sustentarse a sí misma y a Noemí. Ella le imploró diciendo, “Te ruego que me dejes ir al campo” y cuando tuvo la oportunidad de trabajar, las personas que trabajaban con ella dijeron que había “permanecido desde la mañana hasta ahora; sólo se ha sentado en la casa por un momento” (Rut 2:7). Su trabajo era excepcionalmente productivo. Cuando regresó a casa luego de su primer día de trabajo y desgranó la cebada, su cosecha dio un efa completo de grano (Rut 2:17). Esto equivalía a aproximadamente cinco galones de cebada.[1] Tanto Dios como Booz la elogiaron (y recompensaron) por su fe y su laboriosidad (Rut 2:12, 17–23; 3:15–18).

En un mayor o menor grado, todos somos vulnerables a las circunstancias que pueden dificultar o imposibilitar que nos ganemos la vida. Factores como desastres naturales, despidos, desempleo, prejuicios, lesiones, enfermedades, bancarrota, trato injusto, restricciones legales, barreras del lenguaje, falta de entrenamiento o experiencia relevante, edad, sexo, mala administración económica del gobierno o la industria, barreras geográficas, la necesidad de cuidar miembros de la familia, entre otros, pueden privarnos de trabajar para sustentarnos a nosotros mismos y a las personas que dependen de nosotros. Sin embargo, Dios espera que trabajemos tanto como sea posible (Éx 20:9).

Aunque no encontremos un trabajo que cumpla nuestros requisitos, estamos llamados a trabajar. Rut no tenía un trabajo estable con horario común y un salario. A ella le preocupaba si su condición sería suficiente para hallar “gracia” (Rut 2:13) en su lugar de trabajo y no estaba segura necesariamente de que ganaría lo suficiente para alimentar a su familia. Aun así, decidió ir a trabajar. Muchas de las condiciones que enfrentamos hoy día por causa del desempleo y el subempleo son profundamente desalentadoras. Si la falta de trabajos altamente cualificados solo nos da oportunidades aparentemente insignificantes, si la discriminación evita que consigamos el trabajo para el que estamos calificados, si las circunstancias no permiten que tengamos acceso a la educación que necesitamos para tener un buen trabajo e incluso si las condiciones hacen que el trabajo parezca desalentador, el ejemplo de Rut nos muestra que de todas formas debemos trabajar. Al comienzo puede que nuestro trabajo ni siquiera produzca ganancias, en caso de que sea un voluntariado para ayudar a otros, cuidar a los miembros de la familia, acceder a la educación o entrenamiento, o cuidar de nuestro hogar.

La gracia salvadora es que Dios es el poder detrás de nuestro trabajo. No dependemos de nuestra propia habilidad o de las circunstancias para proveer para nuestras necesidades. En vez de eso, trabajamos fielmente en lo que está a nuestro alcance, sabiendo que la fidelidad de Dios a Su promesa de productividad es lo que nos da la confianza de que nuestro trabajo es valioso, incluso en las situaciones más adversas. Muy pocas veces tenemos la capacidad de ver de antemano cómo Dios puede usar nuestro trabajo para cumplir Sus promesas, pero Su poder se extiende mucho más allá de lo que podemos ver.

Jack B. Scott, "82 אֵיפָה", en Theological Wordbook of the Old Testament [Diccionario teológico del Antiguo Testamento], ed. R. Laird Harris, Gleason L. Archer Jr. y Bruce K. Waltke (Chicago: Moody Press, 1999), 38.

Para recibir la bendición de Dios de la productividad es necesario respetar a los compañeros de trabajo (Rut 2:8–16)

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Como se relata en Rut 2:1, Booz era “un hombre de mucha riqueza”. Esto puede tener diferentes connotaciones en la actualidad, pero en el caso de Booz significaba que era uno de los mejores jefes en la Biblia. Su estilo de liderazgo comenzó con el respeto. Cuando salió al campo donde sus hombres estaban trabajando, los saludó con una bendición (“El Señor sea con vosotros”) y ellos le respondieron del mismo modo (“Que el Señor te bendiga” Rut 2:4). El lugar de trabajo de Booz era extraordinario en muchos niveles. Él era el propietario y el administrador de una empresa que dependía de los empleados que contrataba. El controlaba el ambiente de trabajo de otros. A diferencia de muchos ambientes de trabajo en donde los supervisores y propietarios tratan a sus trabajadores con desdén y los trabajadores no respetan a sus jefes, Booz había propiciado una relación de confianza y respeto mutuo.

Booz respetaba a sus trabajadores al proveerles agua mientras trabajaban (Rut 2:9), comer con ellos y sobre todo compartir su comida con la persona que era considerada como la menos importante de todas (Rut 2:14). Después vemos que en el tiempo de la cosecha, Booz, el dueño del terreno, separó el grano de la paja con sus cosechadores y durmió con ellos afuera en el campo (Rut 3:2–4, 14).

Booz demostró que veía a cada ser humano como una imagen de Dios (Gn 1:27; Prov 14:31; 17:5) por la forma sensible en la que trataba a la mujer extranjera en su lugar de trabajo. Cuando la vio entre los trabajadores preguntó con gentileza, “¿De quién es esta joven?” (Rut 2:5), dando por sentado que ella estaba con un hombre o dependía de alguno —ya fuera como esposa o hija—, tal vez el propietario de un campo cercano. Sorprendentemente, cuando supo que era una mujer moabita que había regresado de su lugar de origen con Noemí (Rut 2:6) y que había pedido permiso para espigar tras los cosechadores (Rut 2:7), las primeras palabras que dijo fueron “Oye, hija mía” (Rut 2:8). Compartir su alimento con una mujer extranjera (Rut 2:14) fue un acto más significativo de lo que parece. Los hombres honorables que poseían tierras no acostumbraban conversar con las mujeres extranjeras,[1] como lo indica la misma Rut (Rut 2:10). Un hombre que estuviera más interesado en las apariencias sociales y oportunidades de negocios y menos en ser compasivo con alguien en situación de necesidad, pudo haber aprovechado la primera oportunidad para sacar a una intrusa moabita de su campo. Sin embargo, Booz estuvo más que dispuesto a apoyar a una trabajadora vulnerable sin importar la reacción que tuvieran los demás.

Ciertamente, en este relato podemos encontrar la primera política registrada en el mundo en contra del acoso sexual en el lugar de trabajo. Tal vez Booz estaba consciente de que muchos dueños de tierras y trabajadores eran abusadores[2]  y quizá es por esto que le informó a Rut sobre la orden que le había dado a sus hombres de no tocarla (Rut 2:9). Noemí demuestra que temía por la seguridad de su nuera cuando dice, “Es bueno, hija mía, que salgas con sus criadas, no sea que en otro campo te maltraten” (Rut 2:22). Los términos de la política de Booz son claros:

  1. Los trabajadores no debían “molestar” a esta mujer. Normalmente, la palabra naga significa “tocar”, pero aquí funciona de forma más general como “golpear, acosar o maltratar”.[3] Booz reconoce que la forma en la que una persona percibe el toque de alguien más, determina lo que implica dicha acción. 
  2. Rut debía tener el mismo acceso al agua (Rut 2:9) y a la mesa de almuerzo (Rut 2:14). En el momento de compartir la comida, Booz invitó a Rut a sentarse con él y sus trabajadores y a mojar un pedazo de pan en su vinagre (Rut 2:14). Luego, él mismo le sirvió hasta que estuvo más que satisfecha. La elección del verbo nagash, “acercarse”, indica que por ser extranjera, Rut había mantenido su distancia de forma intencional y apropiada (de acuerdo con la costumbre). La política de Booz en contra del acoso sexual no es simplemente restrictiva (que prohíbe ciertos actos) sino que es positiva en su intencionalidad, lo que significa que la respuesta del que está en peligro de ser acosado es lo que indica qué pueden hacer o no hacer los demás. Booz indagó si Rut se sentía segura para saber si le estaba ofreciendo la protección que ella necesitaba. Él demostró con su ejemplo cómo esperaba que las trabajadoras vulnerables fueran respetadas.
  3. Los empleados habituales de Booz no debían avergonzarla (Rut 2:15) ni reprenderla (Rut 2:16). Junto con la palabra molestar en el versículo 2:9, estas expresiones demuestran que el acoso se presenta de muchas maneras: física, emocional y verbal. De hecho, Booz representa un ejemplo positivo espectacular con su vehemente declaración de bendición para Rut (Rut 2:12).
  4. Los empleados habituales debían hacer que el ambiente de trabajo de Rut fuera lo más seguro posible y esforzarse por ayudarla a cumplir sus tareas laborales (Rut 2:15–16). En el lugar de trabajo, la prevención del acoso va más allá de crear un ambiente seguro. También implica eliminar lo que obstaculiza la productividad, el avance y sus recompensas inherentes. Booz pudo haber provisto seguridad para Rut manteniéndola lejos de los hombres que trabajaban allí, pero esto le habría negado el acceso al agua y al alimento, y podría haber causado que perdiera la oportunidad de recoger cierta cantidad de grano por causa del viento o de los animales. Booz se aseguró de que las garantías que había creado le permitieran ser totalmente productiva.

Aparentemente, los trabajadores de Booz se contagiaron de su espíritu generoso. Cuando su jefe los saludó con una bendición, ellos le respondieron con una bendición (Rut 2:4). Cuando Booz preguntó por la identidad de la mujer que había aparecido en su campo, el supervisor de los trabajadores reconoció que Rut era moabita, pero habló con un tono amable (Rut 2:6–7). El hecho de que Rut trajera un efa completo de grano a casa para Noemí, testifica que los trabajadores respondieron de forma positiva al encargo de Booz de tratar bien a Rut. No solo era evidente que habían cortado bastante grano para ella, sino que también habían aceptado a esta mujer moabita como compañera de trabajo durante la cosecha (Rut 2:21–23).

Los efectos positivos del liderazgo de Booz se extendieron más allá del lugar de trabajo. Cuando Noemí vio los resultados del esfuerzo de Rut, bendijo al empleador que le había dado trabajo y alabó a Dios por Su bondad y generosidad (Rut 2:20). Más adelante, es evidente que la buena reputación de Booz en la comunidad trajo armonía social y gloria a Dios (Rut 4:11–12). Todos los líderes —de hecho todos los trabajadores— moldean la cultura en la que trabajan. Aunque podemos pensar que nuestra cultura nos obliga a ajustarnos a las formas de trabajo injustas, sin sentido o improductivas, la realidad es que la forma en la que trabajamos influencia profundamente a los demás. Booz, un hombre con recursos en medio de una sociedad corrupta e incrédula (Rut 1:1, donde decir, “en los días en que gobernaban los jueces” es decir brevemente que era una sociedad corrupta), logró crear un negocio honesto y exitoso. El supervisor de la cosecha desarrolló prácticas igualitarias en una sociedad llena de misoginia y racismo (Jue 19–21). Ante una gran pérdida y la dificultad, Rut y Noemí conformaron una familia amorosa. Cuando sentimos la presión de conformarnos a un mal ambiente en el trabajo, la promesa de la fidelidad de Dios puede triunfar sobre todas las dudas que tengamos por causa de la disfunción cultural y social a nuestro alrededor.

Frederic W. Bush, Ruth, Esther [Rut, Ester], vol. 9, Word Biblical Commentary [Comentario bíblico de la Palabra] (Dallas: Word, 1998), 129.

Daniel I. Block, “Unspeakable Crimes: The Abuse of Women in the Book of Judges” [Crímenes indecibles: el abuso de mujeres en el libro de Jueces], The Southern Baptist Theological Journal [Revista teológica bautista del sur] 2 (1998): 46–55.

Daniel I. Block, Judges, Ruth (NAC; Nashville: Broadman & Holman, 2002), 659–60.

Dios demanda que se provean oportunidades para que las personas pobres trabajen de forma productiva (Rut 2:17–23)

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La forma más importante en la que Dios destruye los obstáculos para nuestra productividad es por medio de las acciones de otras personas. En el libro de Rut lo vemos tanto en la ley de Dios en sociedad como en la forma en que guía a las personas de manera individual.

La ley de Dios exige que las personas con recursos provean oportunidades económicas para los pobres

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La trama del libro de Rut se centra en la acción de espigar, la cual era uno de los elementos más importantes de la ley para la protección de las personas pobres y vulnerables. Los requerimientos se establecen en Levítico, Deuteronomio y Éxodo:
Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta los últimos rincones de tu campo, ni espigarás el sobrante de tu mies. Tampoco rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; lo dejarás para el pobre y para el forastero. Yo soy el Señor vuestro Dios. (Lv 19:9–10, repetido en parte en Lv 23:22; ver Levítico 19:9–10 en “Levítico y el trabajo”, en www.teologiadeltrabajo.org).

Cuando siegues tu mies en tu campo y olvides alguna gavilla en el campo, no regresarás a recogerla; será para el forastero, para el huérfano y para la viuda, para que el Señor tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti, serán para el forastero, para el huérfano y para la viuda. Cuando vendimies tu viña, no la repasarás; será para el forastero, para el huérfano y para la viuda. Recordarás que tú fuiste esclavo en la tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto. (Dt 24:19–22)
Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto; pero el séptimo año la dejarás descansar, sin cultivar, para que coman los pobres de tu pueblo, y de lo que ellos dejen, coman las bestias del campo. Lo mismo harás con tu viña y con tu olivar. (Éx 23:10–11; ver Éxodo 22:21–27 y 23:10–11 en “Éxodo y el trabajo” en www.teologiadeltrabajo.org).

La base de la ley es el propósito de que todas las personas tengan acceso a los medios de producción necesarios para sustentarse a sí mismos y a sus familias. En general, todas las familias (excepto las de la tribu sacerdotal de los levitas, que se sustentaban con diezmos y ofrendas) debían tener una parcela de tierra a perpetuidad, la cual nunca perderían (Nm 27:5–11; 36:5–10; Dt 19:14; 27:17; Lv 25). Por lo tanto, todos en Israel tendrían los medios para cultivar su alimento. Sin embargo, era poco común que los extranjeros, las viudas y los huérfanos heredaran tierras y por esta razón eran vulnerables a la pobreza y el abuso. La ley de espigar les daba la oportunidad de proveer para sí mismos cosechando el grano y el producto en los rincones de los campos, el que no había madurado o se había pasado por alto durante la cosecha inicial y todo el que creciera en los campos que estaban en descanso por un año. Todos los propietarios de tierras debían proveer el acceso para espigar de forma gratuita.

Estos pasajes señalan tres fundamentos de las leyes de espigar. La generosidad hacia los pobres (1) era un prerrequisito para que Dios bendijera el trabajo de las personas (Dt 24:19), (2) debía ser motivada por el recuerdo de la experiencia de Israel bajo los esclavistas crueles y abusivos en Egipto (Dt 24:22a) y (3) es un tema de obediencia a la voluntad de Dios (Dt 24:22b). Estas tres motivaciones son evidentes en los actos de Booz cuando (1) bendijo a Rut, (2) recordó la gracia de Dios para Israel y (3) la elogió por ponerse a sí misma en las manos de Dios (Rut 2:12). Aunque no es claro qué tanto se hacían cumplir las leyes de la tierra y la cosecha en el antiguo pueblo de Israel, Booz las cumplió de una forma ejemplar.

Cuando se ponían en práctica, las leyes de espigar proporcionaban una red de apoyo excepcional para las personas pobres y marginadas. Ya hemos visto que la intención de Dios es que las personas reciban Su bendición de la productividad por medio del trabajo. Esto era exactamente lo que hacía el espigar, que proporcionaba una oportunidad de trabajo productivo para aquellos que de otra manera hubieran tenido que depender de la mendicidad, esclavitud, prostitución u otras formas de degradación. Los que espigaban conservaban las habilidades, la autoestima, la condición física y los hábitos de trabajo que los ayudarían a ser productivos en la actividad agrícola común en caso de que surgiera la posibilidad del matrimonio, la adopción o que pudieran regresar a su país de origen. Los dueños de las tierras proporcionaban oportunidades pero no tenían la posibilidad de explotar a las personas. No era un trabajo forzado. El beneficio estaba disponible localmente, en todas partes en la nación, sin la necesidad de una burocracia molesta y propensa a la corrupción. Sin embargo, sí dependía de la formación del carácter de cada propietario que cumpliera la ley de espigar y no debemos romantizar las circunstancias que enfrentaban las personas pobres en el antiguo pueblo de Israel.

En el caso de Booz, Rut y Noemí, las leyes de espigar funcionaban como se habían diseñado. Si no fuera por la posibilidad de espigar, Booz habría enfrentado dos alternativas al enterarse de la pobreza de Rut y Noemí. Él pudo haberlas dejado morir de hambre o pudo hacerles llegar a la puerta de su casa el alimento ya preparado (pan). El primero es inaceptable, pero el segundo, aunque hubiera aliviado su hambre, las habría hecho mucho más dependientes de Booz. Sin embargo, debido a la oportunidad de espigar, Rut no solo pudo trabajar para cultivar, sino que también pudo usar el grano para hacer pan por medio de su propio esfuerzo. El proceso preservaba su dignidad, hacía uso de sus talentos y habilidades, las liberaba a ella y a Noemí de la dependencia a largo plazo y las hacía menos vulnerables a la explotación.

En los debates teológicos, sociales y políticos actuales acerca de la pobreza y las reacciones a la misma por parte del sector público y privado, vale la pena tener presentes y debatir con firmeza estos aspectos de la actividad de espigar. Los cristianos están en desacuerdo unos con otros en cuanto a preguntas como las responsabilidades sociales frente a las individuales, los medios privados frente a los públicos y la distribución de las ganancias. Es improbable que la reflexión cuidadosa en el libro de Rut resuelva estos desacuerdos, pero tal vez puede resaltar metas e intereses comunes. Puede que la sociedad moderna no se ajuste a la actividad de espigar en el sentido literal agrícola pero, ¿se pueden incorporar estos elementos en las formas en las que las sociedades cuidan a la población pobre y vulnerable hoy en día? Particularmente, ¿cómo podemos proporcionar oportunidades para que las personas tengan acceso a medios de trabajo productivo en vez de verse asfixiadas por la dependencia o la explotación?

Dios guía individuos a que provean oportunidades económicas para los pobres y vulnerables (Rut 2:17–23)

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Booz fue mucho más allá de lo que la ley requería respecto a la provisión para los pobres y vulnerables. Las leyes de espigar apenas les exigían a los propietarios de tierras que dejaran algo de su producto en los campos para que lo recogieran los extranjeros, huérfanos y viudas. Por lo general, esto significaba que los pobres y vulnerables tenían un trabajo difícil, peligroso e incómodo, como era cosechar el grano en los rincones de los campos o en lo más alto de los olivos. El producto que obtenían de esta manera usualmente era de menor calidad, como las uvas y olivas que habían caído al suelo o que no habían madurado completamente. Sin embargo, Booz les ordena a sus trabajadores que sean generosos de forma activa. Debían tomar el grano de primera calidad de los tallos que habían cortado y dejarlo allí para que Rut solo tuviera que recogerlo. El interés de Booz no era cumplir de la forma más mínima una norma, sino proveer genuinamente para Rut y su familia.

Además, él insistió en que ella espigara en sus campos (por supuesto, permitiendo que ella y Noemí se quedaran con lo que cosechaba) y la hizo una de sus trabajadores. No solamente le dio acceso a su campo, sino que la convirtió en parte del grupo que había contratado, incluso al punto de asegurarse que ella recibiera una parte equitativa de la cosecha (Rut 2:16).

En un mundo en el que cada nación, cada sociedad, tiene personas desempleadas o subempleadas que necesitan oportunidades de trabajo, ¿cómo podemos los cristianos imitar a Booz? ¿Cómo podemos animar a las personas a usar sus habilidades y talentos dados por Dios para crear bienes y servicios que les den un empleo productivo a los demás? ¿Cómo podemos moldear la formación del carácter de las personas que son dueñas y administran los recursos de la sociedad para que de forma ávida y creativa provean oportunidades para los pobres y marginados?

¿Cómo aplican estas preguntas para nosotros? ¿Cada uno de nosotros es una persona con recursos, incluso si no somos ricos como Booz? ¿Las personas de la clase media tienen la posibilidad y la responsabilidad de proveer oportunidades para los pobres? ¿Lo pueden hacer los que son pobres? ¿A qué nos podría guiar Dios para que traigamos Sus bendiciones de productividad a otros trabajadores y trabajadores en potencia?

La bendición de Dios se multiplica cuando las personas trabajan de acuerdo con Sus enseñanzas (Rut 3:1–4:18)

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En el episodio en el que vemos a Rut espigando en el campo de Booz, él demuestra compasión y generosidad mientras representa un ejemplo extraordinario de reconciliación étnica. Esto plantea las preguntas, ¿por qué el corazón de Booz fue tan suave hacia Rut y por qué creó este ambiente en donde todos, incluso una mujer moabita, se pudieran sentir en casa? De acuerdo con las palabras del mismo Booz, Rut representaba nobleza y fidelidad al Dios verdadero (Rut 2:10-11). Como resultado, le dijo, “Que el Señor recompense tu obra y que tu remuneración sea completa de parte del Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte” (Rut 2:12). Aunque nació en Moab, ella había decidido buscar la salvación en el Dios de Israel (Rut 1:16). Booz reconoció que las alas de Dios estaban sobre ella y estuvo dispuesto a ser el instrumento de Dios para bendecirla. Al cuidar a una forastera desfavorecida, Booz honró al Dios de Israel. En las palabras del proverbio israelita: “El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor, pero el que se apiada del necesitado le honra” (Pro 14:31; ver también Pro 17:5). El apóstol Pablo expresó este tema siglos después: “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gá 6:10).

Mientras avanzaba la historia, Booz comenzó a ver a Rut como algo más que una trabajadora diligente y fiel nuera de Noemí. En su momento, extendió las alas de su manto sobre Rut (Rut 3:9) —una metáfora adecuada del matrimonio, reflejando el amor y el compromiso que representan las alas de Dios. Hay un aspecto relacionado con el trabajo en esta historia de amor, ya que habían propiedades de por medio. Noemí todavía tenía cierto derecho sobre la tierra que le pertenecía a su difunto esposo y, de acuerdo con la ley de Israel, su pariente más cercano tenía el derecho de adquirir la tierra y mantenerla en la familia casándose con ella. Booz, a quien Noemí mencionó como un pariente de su marido (Rut 2:1), era en efecto el segundo en línea para adquirir tal derecho. Él le informó al pariente más cercano sobre el derecho que tenía, pero cuando el hombre supo que adquirir la tierra implicaba traer a Ruth la moabita a su casa, decidió renunciar a su derecho (Rut 4:1-6).

En cambio, Booz estaba encantado de ser escogido por Dios para mostrarle gracia a esta mujer, sin importar que ella fuera considerada inferior social, económica y racialmente (Rut 4:1-12). Él ejerció el derecho de redimir la propiedad, no casándose con la anciana Noemí por conveniencia, sino casándose con Rut con el permiso de Noemí, combinando el amor y el respeto. Al casarse con esta mujer moabita, cumplió en su manera un poco de la promesa de Dios a Abraham de que “en tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra” (Gn 22:18). Él también adquirió más propiedades y podemos suponer que las administró tan productiva y generosamente como la propiedad que ya tenía, anunciando las palabras de Cristo de que “al que tiene, se le dará más” (Mr 4:25). Como veremos pronto, es totalmente apropiado que Booz fuera una imagen anticipada de Jesús. En el camino, los eventos de la historia revelan aún más acerca de cómo Dios está trabajando en el mundo para bien.

Dios trabaja por medio de la osadía humana (Rut 3:1-18)

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Una vez más, la necesidad llevó a Noemí a ir más allá de los límites de lo convencional al incitar el cortejo entre Booz y Rut. Ella envió a Rut a la era de Booz durante la noche a descubrir sus pies y acostarse (Rut 3:4). A pesar del significado de “pies” en Rut 3:4, 7, 8, 14 —que podría ser un eufemismo sexual[1] —, la estrategia que Noemí ideó era sospechosa desde la perspectiva de la costumbre y la moralidad, y era muy peligrosa. La preparación de Rut y la elección del lugar para el encuentro parecían indicar las acciones de una prostituta. Bajo circunstancias normales, si un hombre que se respete y sea noble moralmente como Booz, y que esté durmiendo en el campo de trillar despertara a medianoche y descubriera una mujer a su lado, seguramente la echaría fuera, asegurando que no tenía nada que hacer con mujeres como ella. La petición de Rut de que Booz se casara con ella era similarmente osada desde la perspectiva de la costumbre: una extranjera insinuándose a un israelita; una mujer insinuándose a un hombre; una joven insinuándose a una persona mayor; una trabajadora desprovista de tierras insinuándose a un propietario adinerado. No obstante, en vez de ofenderse frente a la audacia de Rut, Booz la bendijo, la alabó por su compromiso con el bienestar de su familia, la llamó “hija mía”, la tranquilizó diciéndole que no temiera, le prometió hacer lo que ella le pidiera y la declaró una mujer honorable (Rut 3:10-13). Esta reacción extraordinaria se le atribuye a la inspiración de Dios que llenaba su corazón.

Daniel I. Block, Judges, Ruth [Jueces, Rut], (NAC; Nashville: Broadman & Holman, 2002), 683–88.

Dios trabaja por medio de procesos legales (Rut 4:1-12)

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Booz aceptó la petición de Rut de casarse con ella si su pariente más cercano renunciaba al derecho de hacerlo. Él no perdió tiempo organizando la resolución legal de la cuestión (Rut 4:1-12). En este punto de la historia, el lector sabe que nada en este libro pasa por casualidad, y cuando al día siguiente el pariente más cercano pasa junto a la puerta en donde Booz se había sentado, es evidente que es gracias a la mano de Dios. Si Rut hubiera estado presente en los procedimientos legales en aquella puerta, su corazón se habría entristecido cuando el hombre que tenía el derecho anunció que tomaría la tierra de Elimelec. Sin embargo, cuando Booz le recordó que también debía tomar a Rut, cambió de opinión, y las esperanzas de ella habrían regresado. ¿Por qué ocurrió este cambio de opinión? Él dijo que justo había recordado una obligación legal que no le permitía hacerlo: “No puedo redimirla para mí mismo, no sea que perjudique mi heredad” (Rut 4:6). La excusa era incoherente y débil, aunque fue suficiente para Booz, cuyo discurso de aceptación del veredicto es un modelo de claridad y lógica. Fácilmente, el caso habría podido tener un resultado diferente, pero parece que el resultado fue guiado por Dios desde el comienzo.

Dios trabaja por medio de la productividad de tener hijos (Rut 4:13-18)

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En Rut 4:13 encontramos la segunda vez que se atribuye un evento especialmente a la mano de Dios en el libro (la primera está en Rut 1:6). “Booz tomó a Rut y ella fue su mujer, y se llegó a ella. Y el Señor hizo que concibiera, y ella dio a luz un hijo”. Aunque el término hebreo para la concepción y el embarazo (herayon) se encuentra únicamente en otros dos lugares, que son Génesis 3:16 y Oseas 9:11, la expresión específica de “conceder o dar la concepción” solo se encuentra aquí. Debemos interpretar esta declaración teniendo en cuenta el trasfondo de los diez años del matrimonio de Rut con Mahlón, en el cual aparentemente no hubo hijos (Rut 1:4). Después de la fidelidad de Rut al ir a Israel con Noemí, luego de la fidelidad de Booz al proveer para Rut para espigar sus campos y su fidelidad al servir como su pariente redentor, después de la oración de fe de los testigos en la puerta (Rut 4:11-12), y aparentemente tan pronto como Rut y Booz consumaron el matrimonio, Dios le concedió un hijo a Rut. Todos los esfuerzos humanos, incluso las relaciones sexuales, dependen de Dios para lograr las metas deseadas (Rut 4:13-15; cf. 1:4).

El nacimiento de cualquier hijo es un regalo de Dios, pero la historia en el nacimiento del hijo de Rut y Booz, Obed, es más grande. Él se convertiría en el abuelo de David, el rey más grandioso de Israel (Rut 4:22) y en ancestro de Jesús el Mesías (Mt 1:5, 16-17). De esta manera, Rut se convirtió en una bendición para Israel y para todos los que siguen a Jesús hasta el día de hoy.

Conclusiones de Rut

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El libro de Rut presenta una historia poderosa de Dios trabajando, dirigiendo eventos en todas partes para cuidar de Su pueblo, y aún más importante, para alcanzar Sus propósitos. La fidelidad —tanto la de Dios a Su pueblo como la del pueblo hacia Dios— se representa por medio del trabajo y de la productividad resultante. Los personajes en el libro trabajan de forma diligente, justa, generosa, ingeniosa, de acuerdo con la ley y la inspiración de Dios. Ellos reconocen la imagen de Dios en los seres humanos y trabajan juntos en armonía y con compasión.

A partir de los eventos del libro de Rut, podemos concluir que los cristianos en la actualidad debemos reconocer no solo la dignidad, sino también el valor del trabajo. El trabajo le da la gloria a Dios. Trae beneficios para otros. Es un servicio para el mundo en el que vivimos. Como cristianos, podemos estar acostumbrados a reconocer la mano de Dios más claramente en el trabajo de los pastores, misioneros y evangelistas, pero su trabajo no es el único legítimo en el reino de Dios. El libro de Rut nos recuerda que el trabajo común, como por ejemplo el de la agricultura, es un llamado lleno de fe, ya sea que lo realicen los propietarios adinerados de tierras o los extranjeros que han sido abatidos por la pobreza. Alimentar a nuestras familias es un trabajo santo y todo el que pueda ayudar a otros a alimentar a sus familias se convierte en una bendición de Dios. Todas las ocupaciones lícitas son trabajo de Dios. Por medio de nosotros Dios hace, diseña, organiza, embellece, ayuda, lidera, cultiva, cuida, sana, empodera, informa, decora, enseña y ama. Nosotros somos las alas de Dios.

Nuestro trabajo honra a Dios cuando tratamos a nuestros compañeros con honor y dignidad, sea que tengamos el poder de darle forma a las condiciones laborales de otros o que nos pongamos a nosotros mismos en riesgo al defender a los demás. Vivimos nuestro pacto con Dios cuando trabajamos por el bien de los demás seres humanos, especialmente los que son marginados social y económicamente. Honramos a Dios cuando pensamos en los intereses de los demás y hacemos todo lo que está a nuestro alcance para que su trabajo sea afable y para fomentar su bienestar.