Nehemías y el trabajo : 2570

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Nehemías y el trabajo

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

La restauración de la muralla de Jerusalén (Nehemías 1:1 - 7:73)

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El primer capítulo del libro presenta a Nehemías como un residente de Susa, la capital del Imperio Persa. Nehemías dice que cuando supo que las murallas de Jerusalén seguían destruidas más de medio siglo después de terminar la reconstrucción del templo, “me senté y lloré”, en ayuno y oración a Dios (Neh 1:4).

La reducción de la brecha entre lo sagrado y lo secular (Nehemías 1:1 - 1:10)

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La relación entre el templo y la muralla es significativa para la teología de trabajo. Puede que el templo parezca una institución religiosa y la muralla una secular. Sin embargo, Dios guió a Nehemías a trabajar en las murallas, lo que tiene la misma importancia que cuando guió a Esdras a trabajar en el templo. Tanto lo sagrado como lo secular eran necesarios para cumplir el plan de Dios de restaurar la nación de Israel. Si las murallas estaban incompletas, el templo también lo estaba. El trabajo era uno solo y es sencillo entender la razón. Sin una muralla, ninguna ciudad en el Cercano Oriente antiguo estaba a salvo de bandidos, pandillas y animales salvajes, incluso si el imperio estaba en paz. Entre más desarrollada fuera una ciudad en términos económicos y culturales, mayor era el valor de lo que había en ella y por lo tanto, la necesidad de tener una muralla era mayor. Gracias a sus abundantes decoraciones, la falta de una muralla habría sido particularmente riesgosa para el templo. Prácticamente, sin una muralla no podía existir una ciudad y sin una ciudad no podía existir un templo.

Por otra parte, la ciudad y su muralla dependían del templo, el cual era la fuente de provisión de Dios para la ley, el gobierno, la seguridad y la prosperidad. Incluso en términos estrictamente militares, el templo y la muralla dependían mutuamente el uno del otro. La muralla era un componente fundamental de la protección de la ciudad, pero también lo era el templo en donde moraba el Señor (Esd 1:3), Quien deshizo los planes violentos de los enemigos de la ciudad (Neh 4:15). De igual forma era con el gobierno y la justicia. Las puertas de la muralla eran el lugar en donde se procesaban las acciones legales (Dt 21:19, Is 29:21), y al mismo tiempo el Señor desde Su templo hacía “justicia al huérfano y a la viuda” (Dt 10:18). Si no existía el templo, no estaba la presencia de Dios y si no estaba la presencia de Dios, no había fuerza militar, ni justicia, ni civilización, ni la necesidad de tener murallas. El templo y las murallas eran uno en la sociedad fundada en “el pacto y la misericordia” de Dios (Neh 1:5). Al menos esto es lo ideal, por lo que Nehemías ayunaba, oraba y trabajaba.

¿Confiar en Dios significa acudir a la oración, actuar, o ambos? (Nehemías 1:11 - 4:23)

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Al final del primer capítulo, Nehemías se identifica como el “copero del rey” (Neh 1:11). Esto significa que no solo tenía acceso inmediato al rey por ser el que probaba y servía sus bebidas, sino que también era consejero de confianza y un funcionario de alto rango del Imperio Persa.[1] Él usó su experiencia y su posición profesional con grandes beneficios al emprender el trabajo de reconstrucción de la muralla de Jerusalén.

Cuando el rey le concedió el permiso para supervisar el proyecto de reconstrucción, Nehemías solicitó cartas para darles a los gobernadores de los territorios por los que tendría que pasar en su viaje hacia Jerusalén (Neh 2:7). A los ojos de Nehemías, el rey concedió esta petición “porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí” (Neh 2:8). Al parecer, Nehemías no creía que confiar en Dios significaba no buscar la protección del rey para su viaje. Es más, a él le agradaba tener “oficiales del ejército y hombres de a caballo” que lo acompañaran para estar a salvo en el camino hacia Jerusalén (Neh 2:9).

El texto no indica que la decisión de Nehemías de buscar y aceptar la protección del rey tuviera algo de malo. De hecho, le atribuye esta ayuda real a la bendición de Dios. Es sorprendente ver la diferencia entre la postura de Nehemías y la de Esdras en este aspecto. Mientras que Esdras creía que demostrar su confianza en Dios significaba no pedir la protección del rey, Nehemías veía el ofrecimiento de dicho amparo como una evidencia de la mano bondadosa de Dios dando Su bendición. Este desacuerdo demuestra que fácilmente las personas piadosas pueden llegar a conclusiones diferentes acerca de lo que significa confiar en Dios en el trabajo. Tal vez cada uno estaba haciendo lo que le era más familiar. Esdras era sacerdote y estaba familiarizado con la morada de la presencia del Señor. Nehemías era copero del rey y estaba familiarizado con el ejercicio del poder de la realeza. Esdras y Nehemías deseaban ser fieles en sus labores. Los dos eran líderes piadosos de oración, pero entendieron de formas diferentes lo que implica confiar en Dios para recibir Su protección. Para Esdras significaba viajar sin guardias del rey. Para Nehemías, significaba aceptar la ayuda del rey considerándola como una evidencia de la bendición misma de Dios.

En varios lugares encontramos indicadores de que Nehemías era lo que podríamos llamar un “creyente pragmático”. Por ejemplo, en el capítulo 2, Nehemías inspeccionó secretamente las ruinas de la antigua muralla antes de anunciarle sus planes a los residentes de Jerusalén (Neh 2:11-17). Al parecer, él quería saber el tamaño y la dimensión del trabajo del que se haría cargo antes de comprometerse públicamente a realizarlo. Aun así, luego de explicar el propósito de su venida a Jerusalén y señalar la mano bondadosa de Dios sobre él, al recibir burlas y acusaciones de algunos oficiales locales Nehemías respondió, “El Dios del cielo nos dará éxito” (Neh 2:20). En parte, Dios concedió el éxito en esta tarea por medio del liderazgo ingenioso y bien informado de Nehemías. El hecho de que el éxito venga del Señor no significaba que Nehemías pudiera sentarse y relajarse. Al contrario, él estaba a punto de comenzar una tarea ardua y demandante.

Al liderar, Nehemías debía delegar partes del proyecto de construcción de la muralla a una gran variedad de personas, incluyendo “el sumo sacerdote Eliasib [y] sus hermanos los sacerdotes” (Neh 3:1); “los tecoítas” sin incluir sus nobles quienes no quisieron someterse a los supervisores (Neh 3:5); “Uziel, hijo de Harhaía, de los orfebres” y “Hananías, uno de los perfumistas” (Neh 3:8); “Salum… oficial de la mitad del distrito de Jerusalén, [y] sus hijas”  (Neh 3:12); y muchos más. Nehemías tuvo la capacidad de inspirar el compañerismo y organizar el proyecto de forma eficiente.

Pero entonces, igual que en la historia en Esdras de la reconstrucción del templo, surgió la oposición. Los líderes de pueblos locales intentaron entorpecer el esfuerzo de los judíos por medio de las burlas, pero “el pueblo tuvo ánimo para trabajar” (Neh 4:6). Cuando sus palabras no detuvieron la reconstrucción de la muralla, los líderes locales “conspiraron juntos para venir a luchar contra Jerusalén y causar disturbio en ella” (Neh 4:8).

Entonces, ¿a qué acción guió Nehemías a su pueblo? ¿A orar y confiar en Dios? ¿O a armarse para la batalla? Como era de esperar, el creyente pragmático los guió a hacer ambas cosas: “Entonces oramos a nuestro Dios, y para defendernos montamos guardia contra ellos de día y de noche” (Neh 4:9). De hecho, Nehemías también situó guardias en lugares especiales cuando aumentaron las amenazas contra los constructores de la muralla. Él animó a su pueblo a que no desmayaran por causa de sus opositores: “No les tengáis miedo; acordaos del Señor, que es grande y temible, y luchad por vuestros hermanos, vuestros hijos, vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas” (Neh 4:14). Las personas debían luchar como consecuencia de su fe. Poco después, Nehemías añadió más palabras de ánimo diciendo, “nuestro Dios peleará por nosotros” (Neh 4:20). Sin embargo, esta no era una invitación a que los judíos bajaran sus armas y se concentraran en la construcción confiando solamente en la protección sobrenatural. Más bien, Dios pelearía por Su pueblo ayudándoles en la batalla. Él estaría trabajando en y por medio del trabajo de Su pueblo.

Algunas veces parece que los cristianos actuamos como si hubiera una pared rígida entre la búsqueda activa de nuestros propios planes y la espera pasiva de que Dios actúe. Estamos conscientes de que esta es una dualidad falsa, lo que explica el porqué, por ejemplo, la teología cristiana ortodoxa histórica rechaza la premisa de la ciencia cristiana de que los tratamientos médicos son actos de infidelidad hacia Dios. Sin embargo, hay momentos en los que somos tentados a volvernos pasivos mientras esperamos que Dios actúe. Si usted está desempleado, sí, Dios quiere que consiga trabajo. Para conseguir el trabajo que Dios quiere para usted, es necesario que escriba un currículum, haga una búsqueda, aplique a empleos, tenga una entrevista y sea rechazado docenas de veces antes de encontrar ese trabajo, igual que todo el mundo. Si usted es padre, sí, Dios quiere que disfrute la crianza de sus hijos, pero también se requerirá que establezca y haga respetar los límites, que esté disponible en momentos poco oportunos para usted, que discuta los temas difíciles con ellos, que llore y sufra a su lado cuando hayan tropezones y huesos o corazones rotos, que les acompañe a hacer la tarea, les pida perdón cuando se equivoque y les ofrezca su perdón cuando fallen. El arduo trabajo de Nehemías y compañía nos advierte que confiar en Dios no significa sentarnos y cruzarnos de brazos esperando que nuestras dificultades se solucionen por arte de magia.

“Nehemiah (person)” [Nehemías (personaje)] en The Anchor Bible Dictionary [Diccionario bíblico Anchor], ed. David Noel Freedman (Nueva York: Doubleday, 1992).

La relación entre las prácticas de préstamos y el temor del Señor (Nehemías 5:1 - 5:19)

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El proyecto de construcción de Nehemías fue amenazado no solo desde el exterior, sino también desde el interior. Ciertos nobles y oficiales judíos adinerados se estaban aprovechando de los tiempos difíciles en el aspecto económico para llenarse los bolsillos (Neh 5). Le estaban prestando dinero a otros judíos esperando que les pagaran intereses, lo cual estaba prohibido en la ley judía (por ejemplo en Éx 22:25).[1] Cuando los deudores no podían pagar los préstamos, perdían su tierra e incluso se les obligaba a vender a sus hijos como esclavos (Neh 5:5). La respuesta de Nehemías fue exigirles a los ricos que dejaran de cobrar intereses sobre los préstamos y que regresaran todo lo que habían quitado a sus deudores.

En contraposición al egoísmo de quienes se habían estado aprovechando de sus compatriotas judíos, Nehemías no usó su posición de liderazgo para aumentar su fortuna personal. “A causa del temor de Dios”, incluso se rehusó a cobrarle un impuesto al pueblo para pagar sus propios gastos, a diferencia de sus predecesores (Neh 5:14-16). En cambio, invitó generosamente a muchas personas a comer en su mesa, pagando estos gastos con sus ahorros personales sin pedirle dinero al pueblo (Neh 5:17-18).

En cierto sentido, los nobles y los oficiales eran culpables de la misma clase de dualismo que hemos mencionado. En su caso, no estaban esperando pasivamente a que Dios resolviera sus problemas. En cambio, estaban buscando activamente sus propias ganancias como si la vida económica no tuviera nada que ver con Dios. Sin embargo, Nehemías les dice que su vida económica es de gran importancia para el Señor porque a Él le importa todo en la sociedad, no solo los aspectos religiosos: “¿No deberían mostrar la debida reverencia a nuestro Dios y evitar así el reproche de los paganos, nuestros enemigos [a quienes se vendían los deudores judíos como esclavos por culpa de los nobles]?” (Neh 5:9 NVI). Nehemías relaciona un problema económico (la usura) con el temor de Dios.

Los temas de Nehemías 5, aunque emergen de un contexto legal y cultural lejano al nuestro, nos retan a considerar qué tanto deberíamos ganar en lo personal a partir de nuestra posición y privilegio e incluso de nuestro trabajo. ¿Debemos colocar nuestro dinero en bancos que conceden préstamos con intereses o invertir nuestro dinero en fondos que incluyan compañías con prácticas cuestionables? ¿Debemos aprovechar los beneficios especiales que nos ofrecen en nuestro lugar de trabajo, incluso si estos representan un costo considerable para otros? Puede que los mandatos específicos de Nehemías (no cobrar intereses, no incautar las garantías, no forzar la venta de personas como esclavas) apliquen en nuestro tiempo de forma diferente, pero en la base de estos se encuentra una oración que todavía aplica: “Acuérdate de mí, Dios mío, para bien, conforme a todo lo que he hecho por este pueblo” (Neh 5:19). Como lo fue para Nehemías, el llamado de Dios para los trabajadores en la actualidad es a hacer todo lo que podamos por las personas a nuestro alrededor. En la práctica, eso significa que cada uno de nosotros le debe a Dios la responsabilidad de cuidar la nube de personas que dependen de nuestro trabajo: empleadores, compañeros de trabajo, clientes, familiares y muchos otros. Puede que Nehemías no nos diga exactamente cómo manejar las situaciones en el lugar de trabajo hoy día, pero sí nos dice cómo orientar nuestras mentes mientras tomamos decisiones. Debemos poner primero a las personas.

La pregunta de si la Biblia prohíbe prestar dinero con intereses tiene una historia larga y discutida en la teología cristiana. Consulte el artículo de la Teología del Trabajo bajo el tema Finance Overview  [Finanzas] llamado, “Does the Bible Prohibit Charging Interest?” [¿La Biblia prohíbe cobrar intereses?] en www.theologyofwork.org.

Nehemías le da el crédito a Dios (Nehemías 6:1 - 7:73)

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Los problemas externos e internos que enfrentó Nehemías no se limitaron a la muralla, la cual se completó en solo cincuenta y dos días (Neh 6:15). De los enemigos de Judá se dice que, “desfalleció su ánimo; porque reconocieron que esta obra había sido hecha con la ayuda de nuestro Dios” (Neh 6:16). Aunque Nehemías había usado su posición importante de liderazgo para inspirar y organizar a los constructores, aunque ellos habían trabajado incansablemente, y aunque la sabiduría de Nehemías le permitió eludir los ataques y las distracciones, con todo él vio esto como un trabajo hecho con la ayuda de Dios. Dios trabajó por medio de él y su pueblo, usando sus dones y su trabajo para alcanzar los propósitos divinos.

El restablecimiento de la vida de acuerdo al pacto, fase dos:Esdras y Nehemías juntos (Nehemías 8:1)

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Luego de finalizar la muralla que rodeaba a Jerusalén, los israelitas se reunieron en la ciudad con el fin de renovar su pacto con Dios. Esdras reapareció en este punto para leer la ley frente al pueblo (Neh 8:2-5). Al escuchar la ley, el pueblo lloró (Neh 8:9), pero Nehemías los reprendió por su tristeza y les dijo, “Id, comed de la grosura, bebed de lo dulce, y mandad raciones a los que no tienen nada preparado; porque este día es santo para nuestro Señor” (Neh 8:10). Independientemente de lo fundamental que puede ser el trabajo para servir a Dios, la celebración también es esencial. En los días santos, las personas deben disfrutar los frutos de su trabajo y compartirlos con aquellos que no tienen tales deleites.

Sin embargo, como lo demuestra Nehemías 9, también hubo un tiempo para la aflicción santa, cuando las personas confesaron sus pecados a Dios (Neh 9:2). Su confesión llegó en el marco de la lectura extensa de todas las cosas que Dios había hecho, comenzando con la creación misma (Neh 9:6) y siguiendo por los eventos cruciales del Antiguo Testamento. La falta de fidelidad de Israel al Señor explicó, entre otras cosas, porqué el pueblo elegido de Dios era “esclavo” de los reyes extranjeros y porqué aquellos reyes disfrutaron los frutos del trabajo de los israelitas (Neh 9:36-37).

Una de las promesas hechas por el pueblo al renovar su pacto con el Señor fue el compromiso de guardar el Sabbath (Neh 10:31). En particular, prometieron no hacer negocios durante el Sabbath con “los pueblos de la tierra”, quienes trabajaban en ese día. Los israelitas también se comprometieron a cumplir su responsabilidad de sustentar el templo y sus trabajadores (Neh 10:31-39). Esto se haría dándole al templo y a su personal un porcentaje del fruto de su propio trabajo. Ahora, como entonces, el compromiso de dar un porcentaje de nuestros ingresos para sustentar “el servicio de la casa de nuestro Dios” (Neh 10:32) es tanto un medio necesario para financiar el trabajo de la adoración, como un recordatorio que todo lo que tenemos viene de la mano de Dios.

Luego de terminar su tarea de construir la muralla de Jerusalén y supervisar la restauración de la sociedad allí, Nehemías regresó a servir al rey Artajerjes (Neh 13:6). Tiempo después regresó a Jerusalén, donde descubrió que algunas de las reformas que había iniciado estaban progresando, mientras que otras habían sido olvidadas. Por ejemplo, se dio cuenta de que algunas personas trabajaban en el Sabbath (Neh 13:15). Los oficiales judíos estaban permitiendo que los comerciantes gentiles trajeran sus productos a Jerusalén para venderlos en el día de reposo (Neh 13:16), así que Nehemías reprendió a aquellos que habían incumplido el mandato del Sabbath (Neh 13:17-18). Además, con su metodología típicamente pragmática, cerró las puertas de la ciudad antes de que comenzara el Sabbath y las mantuvo así hasta que el día de reposo terminó. También colocó algunos de sus sirvientes en las puertas para que pudieran decirle a los vendedores potenciales que se fueran (Neh 13:19).

Con base en Nehemías no se puede responder si los cristianos debemos o no guardar el Sabbath y la forma de hacerlo. Se necesita una conversación teológica mucho más amplia.[1] No obstante, este libro nos recuerda lo fundamental que era para el primer pueblo que vivió conforme al pacto el guardar el Sabbath, y la amenaza que significaba la interacción económica con aquellos que no guardan este día. En nuestro propio contexto, ciertamente era más fácil para los cristianos guardar el Sabbath cuando los centros comerciales estaban cerrados en día del Señor. Sin embargo, nuestra cultura contemporánea de comercio a toda hora nos pone en la situación de Nehemías, en la que se requiere una decisión consciente —y potencialmente costosa— con respecto al Sabbath.

Ver los artículos bajo el tema “Rest and Work ” [El descanso y el trabajo] en www.teologiadeltrabajo.org