1 Timoteo: trabajando por el orden en la casa de Dios : 411

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1 Timoteo: trabajando por el orden en la casa de Dios

Comentario Bíblico / Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo

Cada una de las tres cartas pastorales fue escrita por el apóstol Pablo para darle consejos a uno de sus compañeros de trabajo.[1] En 1 Timoteo, Pablo le da instrucciones a su joven colega Timoteo sobre cómo ministrar dentro de la iglesia y como tratar con los falsos profetas. Sin embargo, las últimas palabras de la carta —”la gracia sea con vosotros” (1Ti 6:21)— indican que la carta está diseñada para que la escuche toda la iglesia en Éfeso, para que todos se puedan beneficiar del consejo de Pablo para Timoteo.

Ya que las cartas tienen algunos temas en común, combinaremos los pasajes relacionados entre ellas en nuestro estudio. Los temas se examinarán de acuerdo con el orden en que aparecen en las cartas pastorales.

Este estudio da por sentado que Pablo es el autor de las cartas pastorales, aunque esto no es crucial al aplicar las cartas al tema del trabajo. Para un análisis exhaustivo de esta perspectiva sobre la autoría, ver William D. Mounce, Pastoral Epistles [Cartas pastorales], vol. 4, Word Biblical Commentary [Comentario bíblico de la Palabra] (Nashville: Thomas Nelson, 2000), lxxxiii–cxxix.

Las creencias verdaderas resultan en organizaciones sólidas (1 Timoteo 1:1-11, 18-20; 3:14-16)

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Uno de los temas que se repite y se resalta en 1 Timoteo es la estrecha relación entre la creencia y el comportamiento, o la enseñanza y la práctica. La enseñanza correcta o “sana” conduce a la piedad mientras que, en el mejor de los casos, la enseñanza falsa es improductiva, y en el peor, es fulminante. Desde el comienzo de la carta, Pablo le encarga a Timoteo que les ordene a algunos que no enseñen “doctrinas extrañas” (1Ti 1:3), porque esta doctrina extraña, junto con mitos y genealogías, no promueve “la edificación de Dios que es por la fe” (1Ti 1:4, RVC).

Pablo está hablando de la importancia de la sana doctrina en la iglesia, pero sus palabras también aplican para el lugar de trabajo. W. Edwards Deming, uno de los fundadores del mejoramiento continuo de la calidad, le llamó a su método un “sistema de conocimiento profundo”. Dijo, “cuando el individuo entiende el sistema de conocimiento profundo, aplicará los principios en toda clase de relación con otras personas. Tendrá una base para evaluar sus propias decisiones y para transformar las organizaciones a las que pertenece”.[1] El conocimiento de la verdad más profunda es esencial en cualquier organización.

Luke Timothy Johnson tradujo 1 Timoteo 1:4 de una forma más transparente como “la forma en la que Dios ordena la realidad como se comprende por la fe”.[2] La iglesia es —o debería ser— ordenada de acuerdo con lo que Dios dice. Pocos podrían discutirlo. Pero, ¿otras organizaciones también deberían ordenarse de acuerdo con lo que Dios quiere? El mundo grecorromano del siglo primero creía que la sociedad debía organizarse de acuerdo con la “naturaleza”. Por tanto, si la naturaleza es la creación de Dios, la forma en la que Dios ordena la creación también debería reflejarse en la forma en la que se ordena la sociedad. Como dice Johnson, “no existe una discontinuidad radical entre la voluntad de Dios y las estructuras de la sociedad. Las estructuras de la oikos (casa) y ekklēsia (iglesia) no solo se conectan entre ellas, sino que ambas son partes de la dispensación [administración] de Dios en el mundo”.[3] Los lugares de trabajo, las casas y las iglesias reflejan al único que ordena la creación.

En todos los trabajos es esencial entender verdaderamente las enseñanzas de Dios. Por ejemplo, un tema importante en la creación es que los seres humanos fueron creados como seres buenos. Luego caímos en pecado y una verdad cristiana fundamental es que Jesús vino para redimir a los pecadores. Por tanto, los trabajadores son seres humanos que pecan pero que pueden experimentar redención y volverse buenos, como siempre fue la intención de Dios. La verdad respecto a la bondad, el pecado y la redención se debe tener en cuenta en las prácticas organizacionales. Ni las iglesias ni los lugares de trabajo pueden funcionar apropiadamente si asumen que las personas son completamente buenas y que no pecan. Es necesario auditar las cuentas y detener el acoso. El servicio al cliente se debe recompensar. Se debe supervisar a los sacerdotes y pastores, empleados y ejecutivos. Similarmente, ni las iglesias ni los trabajos pueden asumir que las personas que se equivocan o pecan se deben desechar automáticamente. Se debe ofrecer redención y ayuda práctica para que haya una transformación. En las iglesias, el enfoque está en la redención espiritual y eterna. En los trabajos fuera de la iglesia, el enfoque está en una redención más limitada relacionada con la misión de la organización. El periodo de prueba, los planes de mejoramiento del desempeño, las segundas capacitaciones, la reasignación a una posición diferente, la mentoría y los programas de ayuda para el empleado —en vez del despido inmediato— son ejemplos de prácticas redentoras en algunos trabajos, especialmente en Occidente. Lo que concretamente es un acto redentor varía de forma considerable, dependiendo del tipo de organización, su misión, el ambiente cultural, legal y económico circundante y otros factores.

Si los cristianos en el mercado laboral desean entender cómo Dios quiere que actúen ellos y los que los rodean (comparar con 1Ti 3:15), deben entender la revelación de Dios en la Biblia y creer en ella. La verdad conduce al amor (1Ti 1:5), mientras que la falsa doctrina promueve las “especulaciones” (1Ti 1:4, NTV), las “discusiones” (1Ti 6:4) y la destrucción espiritual (1Ti 1:19). El conocimiento de los caminos de Dios revelados en Su Palabra no deben ser de dominio de los eruditos bíblicos solamente, y el entendimiento bíblico no solo es relevante dentro de la iglesia. Los trabajadores cristianos también deben conocer la Biblia, para que puedan funcionar en el mundo de acuerdo con la voluntad de Dios y para Su gloria.

Todos los cristianos tienen un rol de liderazgo independientemente de su posición en la organización. Por lo general, los ejecutivos tienen más oportunidades de determinar la estrategia y la estructura de una organización. Sin embargo, todos los trabajadores tienen oportunidades continuas de desarrollar buenas relaciones, producir excelentes productos y servicios, actuar con integridad, ayudar a otros a desarrollar sus habilidades y determinar la cultura de sus grupos de trabajo inmediatos. Todos tienen una esfera de influencia en el trabajo. Pablo le aconsejó a Timoteo que no dejara que su aparente falta de estatus le impidiera hacer la diferencia. “No permitas que nadie menosprecie tu juventud; antes, sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza” (1Ti 4:12).

Es interesante notar que parte de esta realidad ya se percibe en los lugares de trabajo contemporáneos. Muchas organizaciones tienen “declaraciones sobre la misión” y “valores esenciales”. Estas expresiones en las organizaciones seculares significan prácticamente lo mismo que “creencias” o “doctrina” en las iglesias. Las organizaciones como las iglesias, le prestan mucha atención a la cultura. Esta es una evidencia más de que lo que los trabajadores creen o lo que una organización enseña afecta la forma en que las personas se comportan. Los cristianos en el trabajo debemos estar al frente de los esfuerzos para determinar los valores, la misión y la cultura de las organizaciones en las que participamos, en la medida en que sea posible.

W. Edwards Deming, The New Economics for Industry, Government, Education [La nueva economía para la industria, el gobierno y la educación], 2ª ed. (Cambridge, MA: MIT Press, 2000), 92.

Luke Timothy Johnson, The First and Second Letters to Timothy: A New Translation with Introduction and Commentary [La primera y la segunda carta a Timoteo: una nueva traducción con introducción y comentario], The Anchor Yale Bible Commentaries [Comentarios de la Biblia Anchor Yale] (Nueva York: Doubleday, 2001), 149.

Johnson, The First and Second Letters to Timothy [La primera y la segunda carta a Timoteo], 149.

La oración, la paz y el orden son necesarios en el trabajo, así como en la iglesia (1 Timoteo 2:1-15)

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Pablo comienza este capítulo exhortando a que “se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad” (1Ti 2:1–2). El propósito de esta oración es que los cristianos “podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad” (1Ti 2:2). Es posible que estos gobernadores del primer siglo tuvieran el poder para hacer que la vida fuera difícil y problemática para los cristianos. Por esto, Pablo anima a los cristianos a que oren por sus autoridades civiles. La oración, la paz y el orden son los primeros instrumentos de los cristianos para relacionarse con el mundo secular.

De nuevo vemos que las instrucciones de Pablo se basan en la unidad de Dios, la singularidad de Cristo como mediador, el rescate universal de Cristo y el deseo universal de Dios de que todos sean salvos (1Ti 2:3–7). Cristo es el Señor de la creación y el Salvador del mundo. Su reino incluye todos los lugares de trabajo. Los cristianos deberían estar orando por todos los que están en su lugar de trabajo, especialmente lo que tienen funciones de supervisión, “que están en autoridad”. Los cristianos deben esforzarse por hacer su trabajo sin perturbar el trabajo de otros, sin llamar la atención a sí mismos de una forma desproporcionada y sin cuestionar la autoridad constantemente —en otras palabras, trabajar “con toda piedad y dignidad” (1Ti 2:2). Para los cristianos, la motivación para comportarse de esta forma apacible y sumisa no es el temor, ni complacer a los hombres o por conformidad social, sino que están motivados por la apreciación sana del orden que Dios ha establecido y por el deseo de que otros “vengan al pleno conocimiento de la verdad” (1Ti 2:4). Como Pablo dice en otro lugar, “Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1Co 14:33).

¿Esto entra en conflicto con el deber de estar al frente de los esfuerzos por determinar la misión y los valores en nuestro lugar de trabajo? Algunos cristianos tratan de determinar las misiones y los valores por medio de la confrontación en temas controversiales, como los beneficios para la pareja de un mismo sexo, la exclusión del seguro médico para el aborto y/o los métodos anticonceptivos, la organización sindical, la exhibición de símbolos religiosos y otros aspectos similares. Si tiene éxito, este método puede ayudar a determinar la misión y los valores de la organización, pero con frecuencia, perturba el trabajo de los demás, destruye la paz e irrespeta la autoridad de los supervisores.

En cambio, lo que se necesita es una participación más personal, profunda y respetuosa en la cultura organizacional. En vez de entrar en conflicto por los beneficios de salud, ¿los cristianos podrían esforzarse por ser amigos de sus compañeros de trabajo y convertirse en una fuente de consejo o sabiduría para los que enfrentan grandes decisiones en la vida? En vez de querer ir más allá de los límites entre la libertad de expresión y el acoso, ¿los cristianos podrían hacer el trabajo que se les asigna con tal excelencia que los compañeros de trabajo les pidan a ellos que les expliquen la fuente de su fortaleza? En vez de pelear por temas secundarios como la decoración en los días festivos, ¿los cristianos podrían ayudar a mejorar las actividades fundamentales en sus lugares de trabajo, tales como el desempeño laboral, el servicio al cliente y el diseño de producto, y así ganarse el respeto de los que los rodean? Al responder tales preguntas podemos recordar que el consejo de Pablo para Timoteo es equilibrado, no contradictorio. Vivamos en paz y cooperemos con los que nos rodean. Busquemos influenciar a otros sirviéndoles, no tratando de enseñorearnos sobre ellos. ¿No es eso lo que hizo el Rey de reyes?

La integridad y la habilidad relacional son cualidades clave del liderazgo (1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-9)

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El pasaje de 1 Timoteo 3:1–13 es bien conocido y tiene un paralelo en Tito 1:5–9. Tanto 1 Timoteo 3:1–7 como Tito 1:5–9 presentan los requisitos de los ancianos y los obispos (supervisores, NBLH),[1] mientras que 1 Timoteo 3:8–13 describe los requisitos de los diáconos, incluyendo, posiblemente, las mujeres diaconisas. Aunque se dan varios requisitos, lo que tienen en común es la integridad moral y la habilidad para relacionarse bien con las personas. La capacidad para enseñar, aunque se menciona como un requisito para los ancianos (1Ti 3:2; Tit 1:9), no recibe el mismo énfasis en general. En estas listas, vemos de nuevo la conexión entre la casa y la iglesia: manejar bien a la familia se ve como un requisito para manejar la casa de Dios (1Ti 3:4–5; Tit 3:6; comparar con 1Ti 3:15). Reflexionaremos más sobre esta relación en una sección posterior.

Como señalamos anteriormente, diferentes organizaciones tienen diferentes misiones. Por tanto, los requisitos para el liderazgo son diferentes. No sería correcto aplicar este pasaje usándolo como una lista general de requisitos en los lugares de trabajo. Puede que ser “serio” (el requisito de ser “digno” se traduce como ser “serio” en algunas versiones en inglés) no sea un requisito correcto para un guía turístico, por ejemplo. Pero ¿qué hay de la prioridad que se le da a la integridad moral y a la habilidad relacional? Las cualidades morales como “irreprochable”, “limpia conciencia”, “fieles [o confiables] en todo”, y las cualidades relacionales como “hospitalario”, “no pendenciero” y “sobrio” son mucho más prominentes que las habilidades específicas y la experiencia.

Si esto aplica para el liderazgo de la iglesia, ¿también aplica para el liderazgo en el trabajo? Las faltas relacionales y morales ampliamente difundidas de algunos negocios y líderes gubernamentales prominentes en años recientes han hecho que la integridad, el carácter y las relaciones sean más importantes que nunca en la mayoría de trabajos. Es igual de importante seleccionar y desarrollar líderes en los lugares de trabajo, así como lo es en las iglesias. Pero mientras nos preparamos para nuestros trabajos y carreras laborales, ¿invertimos al menos una fracción del gran esfuerzo que dedicamos a desarrollar habilidades especializadas y acumular acreditaciones, a desarrollar un carácter ético y habilidades relacionales?

Es interesante que muchos de los líderes de la iglesia primitiva también eran líderes en su trabajo. Lidia era comerciante del producto valioso de las telas púrpura (Hch 16:14, 40). Dorcas fabricaba túnicas y ropas (Hch 9:36–41). Aquila y Priscila eran fabricantes de tiendas (o artículos de cuero) que se convirtieron en socios de negocios de Pablo. Estos líderes fueron eficaces en la iglesia después de haber demostrado que eran eficaces en el trabajo, y de haberse ganado el respeto de la comunidad en general. Tal vez los requisitos básicos del liderazgo en la iglesia, el trabajo y las esferas cívicas tienen mucho en común.

Ver Philip H. Towner, The Letters to Timothy and Titus [Las cartas a Timoteo y Tito], New International Commentary on the New Testament [Nuevo comentario internacional del Nuevo Testamento] (Grand Rapids: Eerdmans, 2006), 246–47, para un análisis breve de los términos “anciano” (del griego presbyteros) y “supervisor” (episkopos).

La creación de Dios es buena (1 Timoteo 4:1-5)

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Primera a Timoteo proclama “la forma en la que Dios ordena la realidad” y que este orden divino tiene implicaciones en la forma en la que los cristianos se deben comportar en sus casas, iglesias y —por extensión de la lógica del texto— en sus lugares de trabajo. La afirmación más clara del orden de la creación de Dios se encuentra en 1 Timoteo 4:1–5. En 1 Timoteo 4:4, Pablo declara expresamente que, “todo lo creado por Dios es bueno”. Este es un reflejo claro de Génesis 1:31, “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Dentro del contexto de la carta, esta evaluación positiva de la creación se usa para combatir a los falsos maestros que están prohibiendo el matrimonio y ciertos alimentos (1Ti 4:3). Pablo se opone a sus enseñanzas afirmando que estas cosas se deben recibir con acción de gracias (1Ti 4:3, 4). Los alimentos y cualquier otra cosa de la creación de Dios, son “santificados” por la palabra de Dios y por la oración (1Ti 4:5). Esto no significa que la palabra de Dios y la oración hacen que la creación de Dios sea buena cuando esta no es buena. Más bien, al reconocer con gratitud a Dios como el creador y proveedor de todas las cosas, un cristiano aparta las cosas creadas, como los alimentos, para un propósito santo y que honra a Dios. Como cristianos, es posible incluso comer y beber para la gloria de Dios (1Co 10:31).

Esta afirmación de la creación implica que no hay un material creado con el que sea inherentemente malo trabajar, y que ningún trabajo relacionado con la creación es inaceptable para los cristianos si no infringe la voluntad de Dios. En otras palabras, un cristiano puede cavar pozos, diseñar chips de computadora, lavar inodoros, caminar en la luna, reparar teléfonos celulares, plantar campos o cosechar el fruto de los árboles para la gloria de Dios. Ninguno de estos trabajos o materiales es inherentemente malo. De hecho, todo trabajo puede agradar a Dios. Esto puede parecer fácil de entender para los que viven en el mundo occidental y no luchan con el ascetismo, como sí ocurría en Grecia y Roma antiguamente. 1 Timoteo 4:4 nos recuerda incluso a nosotros que no debemos ver el mundo material como algo de valor moral neutral ni ver algo como la tecnología, por ejemplo, como inherentemente malo. La bondad de toda la creación de Dios nos permite vivir y trabajar en libertad con alegría, recibiendo todas las cosas como de la mano de Dios.

Las buenas relaciones surgen del respeto genuino (1 Timoteo 5:1 - 6:2; Tito 2:1-10)

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Primera a Timoteo 4:6–16 está llena de instrucciones específicas de Pablo para Timoteo. Sería útil que los trabajadores cristianos recordaran que el entrenamiento en la piedad es un componente crucial para el desarrollo profesional (ver 1Ti 4:8). Sin embargo, pasaremos rápidamente a la siguiente sección, la cual va de 1 Timoteo 5:1 al 6:2. De nuevo, esta sección es similar a una sección de Tito 2:1–10. Ser miembros de la iglesia no debe llevarnos a explotar a otros dentro de ella (comparar con 1Ti 5:16; 6:2), sino que debe llevarnos a trabajar más duro para bendecirlos. Esto también aplica en el trabajo.

En particular, estos dos pasajes describen cómo los hombres y las mujeres, viejos y jóvenes, amos y esclavos, se deben comportar dentro de la familia de Dios. Cabe resaltar los primeros dos versículos de esta sección en 1 Timoteo: “No reprendas con dureza al anciano, sino, más bien, exhórtalo como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos, a las ancianas, como a madres; a las más jóvenes, como a hermanas, con toda pureza”. Este mandato no elimina las distinciones entre la familia y la iglesia (como se deja claro en 1 Ti 5:4, 8), sino que indica que la amabilidad, compasión, lealtad y pureza que debería caracterizar nuestras relaciones familiares más íntimas, también deberían caracterizar nuestras relaciones con la familia de Dios, la iglesia.

La exhortación de Pablo de “toda pureza” nos recuerda que existen violaciones de límites sexuales en las familias y las iglesias, así como en los lugares de trabajo. El acoso sexual puede avanzar sin oposición —e incluso sin que lo vean los que no están siendo acosados— en los lugares de trabajo. Podemos ser de bendición en todos los lugares de trabajo prestándole más atención al trato que reciben las personas y oponiéndonos a las palabras y acciones inapropiadas y abusivas.

¿Es correcto considerar a las personas en el trabajo como una familia? No y sí. No porque en realidad no es una familia, por las razones que se presentan de una forma muy graciosa en la serie de televisión The Office. Si la persona no cumple su papel adecuadamente, dejará de ser parte de ese lugar de trabajo. A diferencia de los miembros de la familia, los empleados que ya no tienen la aprobación de la gerencia están sujetos al despido. El empleo no es permanente, no “es algo que de cierta forma no se deba merecer”.[1] Sería ingenuo —y posiblemente incluso abusivo— pretender que un trabajo es una familia.

Sin embargo, en ciertos sentidos, un trabajo puede ser como una familia, si ese término se usa para describir el respeto, compromiso, la comunicación abierta y el cuidado que los miembros de la familia deben mostrarse el uno al otro. Una característica importante del servicio redentor de la iglesia para el mundo podría ser que los cristianos fuéramos conocidos por tratar así a nuestros compañeros de trabajo. Por ejemplo, la mentoría es un servicio extremadamente valioso que los trabajadores experimentados pueden ofrecerle a los colegas nuevos. Esta acción se parece a la inversión que los padres hacen en sus hijos. Y así como nosotros protegemos del abuso y la explotación a los miembros de nuestra familia, el amor de Cristo nos impulsa a hacer lo mismo por las personas en nuestro trabajo. Ciertamente, nunca deberíamos participar en el abuso o explotación de otras personas en el trabajo porque pensamos que les debemos menos respeto o cuidado que a los miembros de nuestra familia (o de la iglesia). En cambio, debemos esforzarnos por amar a todos nuestros prójimos, incluyendo a los que están en nuestro trabajo, como a nuestra familia o a nosotros mismos.

Robert Frost, “The Death of the Hired Man” [La muerte del jornalero], línea 125, en North of Boston [Al norte de Boston] (Nueva York: Henry Holt, 1915).

La piedad con contentamiento es una gran ganancia (1 Timoteo 6:3-10, 17-19)

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La última sección de 1 Timoteo está llena de exhortaciones y advertencias poderosas para los cristianos ricos. (No nos detendremos en las instrucciones que Pablo le da a Timoteo en los versículos 11–16 y 20, las cuales están dirigidas a Timoteo en su situación particular). Los pasajes de 1 Timoteo 6:3–10 y 17–19 tienen aplicaciones directas para el trabajo. Sin embargo, al leer y aplicar estos pasajes, debemos evitar dos errores comunes.

Primero, este pasaje no enseña que ser piadoso no traiga una “ganancia”. Cuando Pablo escribe que los que son “hombres de mente depravada, que están privados de la verdad” creen que “la piedad es un medio de ganancia” (1Ti 6:5), lo que está censurando es la mentalidad de que la piedad necesariamente conduce a la ganancia financiera en esta vida, o que se debe buscar la piedad para obtener una ganancia financiera inmediata. La insensatez de esta forma de pensar se divide en tres partes:

  1. Comúnmente, Dios llama a Sus santos a que sufran carencias materiales en esta vida y, por lo tanto, el pueblo de Dios no debe poner su esperanza en la “incertidumbre de las riquezas” (1Ti 6:17).
  2. Incluso si alguien obtuviera grandes riquezas en esta vida, la ganancia tiene una duración corta porque, como lo expresa John Piper, “no hay cajas fuertes detrás de los coches fúnebres” (1Ti 6:7).[1]
  3. Ansiar la riqueza conduce al mal, a la apostasía, la ruina y la destrucción (1Ti 6:9–10).

Sin embargo, note cuidadosamente que Pablo anima a sus lectores a que sepan que hay una gran ganancia en la piedad cuando se combina con contentamiento en las necesidades básicas de la vida (1Ti 6:6, 8). Nuestro Dios es un Dios que “nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos” (1Ti 6:17). Pablo les ordena a los ricos justos que “hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir” (1Ti 6:18) —no a vender todo lo que tienen y volverse pobres. Deben ser ricos en buenas obras para que puedan guardar para ellos mismos “el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida” (1Ti 6:19). En otras palabras, la piedad es un medio de ganancia, siempre y cuando esa ganancia se entienda como vida y bendiciones en la presencia de Dios y no solo como más dinero en el presente. La exhortación de Pablo en 1 Timoteo 6:18–19 es similar a la enseñanza de Jesús, “acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban” (Mt 6:20; comparar con Mt 19:21; Lc 12:33).

El segundo error que se debe evitar es pensar que este pasaje y su condenación del amor al dinero implica que los trabajadores cristianos nunca deben buscar un aumento o un ascenso, o que ningún negocio cristiano debe intentar obtener ganancias. Existen muchas razones por las que alguien podría querer más dinero. Algunas pueden ser malas, pero otras podrían ser buenas. Si alguien quiere más dinero para aumentar su estatus, lujos o su ego, sin duda caería bajo la amonestación de esta sección de la Escritura. Pero si alguien quiere ganar más dinero para proveer lo suficiente para los que dependen de él, para ofrendar más a las causas que honran a Dios o para invertir en crear bienes y servicios que permiten que la comunidad prospere, entonces no sería malo querer más dinero.[2] Rechazar el amor al dinero no es oponerse a todo deseo de ser exitoso o rentable en el trabajo.

John Piper, Desiring God: Meditations of a Christian Hedonist [Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano], ed. rev. y ext. (Colorado Springs: Multnomah, 2003), 188.

Ver el importante libro de Wayne Grudem, Business for the Glory of God: The Bible’s Teaching on the Moral Goodness of Business [Negocios para la gloria de Dios: la enseñanza de la Biblia acerca de la bondad moral de los negocios] (Wheaton, IL: Crossway, 2003), para una consideración más detallada acerca de esta afirmación.